La misión es el cometido con que fuimos enviados a la vida, con el maravilloso misterio de intentar saberlo solo en edad de uso de razón.

La misión cuando es incomprendida se convierte en un karma, que te atormenta toda la vida, día y noche.

La misión ese maravilloso misterio, que padres y sociedad quieren direccionar en los éxitos profesionales, representados en varios ceros a la derecha de patrimonio económico.

La misión se puede confundir con las competencias del hacer cotidiano, el pintor, el carpintero, el medico, el abogado.

La misión puede ser en su forma ideal, nacer para servir al bien de mis congéneres en lo que requieren, sin importar su valor agregado económico, un abrazo oportuno, una palabra oportuna.

La misión del padre se siente incompleta cuando no provee a su hijo del elemento suntuoso, aunque no prioritario.

La misión la sociedad la mide en términos monetarios, como el tango “amigo cuánto tienes cuánto vales”.

La misión es una indagación continua del para que sirves, cuando trabajas remuneradamente, sirves para generar ingresos, cuando trabajas sin remuneración, la vida no tiene sentido.

La misión en los tratadistas modernos, se simplifica en el trabajo remunerado como proceso de realización del hombre, lo contrario frena los resultados esperados.

Tal vez, esto explique el por que los jubilados mueren en sus nostalgias laborales, ahogados en alcohol en un bar cercano, o confinados en sus casas, en su prisión voluntaria.

La misión entonces, va más allá de un ejercicio material o intelectual, necesita del complemento espiritual, la palabra en el momento oportuno, el abrazo que calienta el alma.

¿Cuánto de nuestro trabajo material o intelectual es realmente importante?, al construir una casa, la esperanza social es dar resguardo a un ser humano sin distingo alguno, por eso lo ideal es hacerla con los mejores materiales y los mejores profesionales.

La realidad nos muestra que lo importante, es que se mantenga en pie por un tiempo, mientras la vendo, mientras la entrego, después si el mal hacer la derrumba no importa, un escándalo brotará, mientras el tiempo olvida.

La misión como el trabajo realización del hombre, la transformación del mono en hombre, ha significado el sacrificio de la calidad de vida, contaminación, hambre, abandono, extinción de seres vivos.

La misión con mayor aceptación, el ejercicio del poder para poder por un momento, sentirse un designado por dios para subyugar a los débiles de protección y de acción, el humilde pueblo.

La misión, una carrera acelerada a la locura generalizada de acabar con nuestro planeta, el bello y benigno planeta azul, somos los únicos seres vivos, que acabamos con nuestro hábitat.

La misión mostrar buenos indicadores financieros, sin importar el descalabro social, político, ambiental, económico, como culto a la revolución de mentes enfermas por permanecer en la historia.

La misión, a temprana edad ser un experto mentiroso y aprovechado del más débil e indefenso, los empleados públicos y los millones de desempleados.

La misión, recuperar la esencia del hombre bueno, empezando por el auto diagnóstico de mi alma y la de mi seres queridos.

La misión,  aceptar públicamente nuestra enfermedad del alma,  exigiendo de una vez su urgencia de estudio en su sanación, alguien nos ha cambiado nuestras buenas configuraciones con que nacimos.

Ojo no es un asunto religioso, el tema va más allá, tal vez de manejo adecuado de la energía.

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