Espejo

MIRARSE AL ESPEJO es una práctica habitual e inconsciente que realizamos a diario para revisar normalmente nuestro arreglo personal, el aseo, peinado y la vestimenta que llevamos puesta. No obstante, esta superficie lisa refleja tan solo nuestro exterior, nuestro físico el cual de por sí, aunque dice mucho de nosotros, es sin embargo bastante superficial. Nuestra apariencia física está a la vista de todos, tanto aquellos que nos conoce como aquellas personas con las que tropezamos por primera vez en la vida. La apariencia física es fácil de cambiar según nuestro arreglo personal.

Sin embargo, ¿qué hay de nuestra apariencia interna? ¿Aquella que no resalta a primera vista? Se trata de nuestra PERSONALIDAD, nuestro carácter, nuestras creencias o filosofía. Esta parte de nosotros, nuestro interior, no está a la vista de todos y es más difícil de ver, de conocer y, sobre todo, de cambiar. Además, es bastante ambigua debido a que una cosa es cómo nos ven los demás, aquellas personas que nos conocen, y cómo nos vemos nosotros, cómo creemos nosotros que somos.

Espejo

La diferencia está en la OBJETIVIDAD. Las personas que nos rodean ven lo que cada persona exterioriza, que es aquello que deja ver de sí mismo. Nuestro comportamiento suele variar en función a las personas que nos rodean en cada momento. No solemos enseñarlo todo ni los mismos aspectos a todas las personas.

En cambio, cómo nos vemos nosotros mismos es más subjetivo, se basa más bien en el deseo cómo quisiéramos que nos vean los demás. Este deseo rige nuestro comportamiento diario, ya que queremos ser y comportarnos de una forma determinada para que nos acepten y nos tengan en cuenta. Para que nos aprueben, nos ofrezcan un empleo…

Cómo nos ven los que nos rodean es la forma más objetiva. De ahí, mirarse al espejo puede ser un buen ejercicio que consta viajar en nuestro interior y analizar nuestros pensamientos y nuestros deseos que rigen nuestro comportamiento, que es aquello que ven los demás. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez “cómo me ven”? ¿Qué piensan de mí? ¿Cómo soy en realidad? Mirarse al espejo es un ejercicio que consta de lo siguiente: recuerda alguna escena de tu vida, algo que te haya ocurrido recientemente. Repásalo delante de tu vista como si estuvieras viendo una película o una obra de teatro. Mírate como si fueras el actor principal de la obra, pero como si a la vez fueras otra persona. Es, en fin, buscar una manera objetiva de verte. Al recapitular escenas de tu propia vida, pero con los ojos ajenos, a cierta distancia, analiza tu comportamiento como si el protagonista hubiese sido otro.

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En este preciso momento que te ves envuelto en estas circunstancias, ¿cómo te ves? ¿Qué piensas de ti? ¿Eres así como te creías? Este ejercicio ayuda no sólo a verse de forma más objetiva. Se aprende a verse así como los demás lo ven a uno y, sobre todo, aprendemos aspectos de nosotros mismos que, hasta el momento, tal vez desconocíamos. Puede que a muchos les asuste mirarse al espejo por el miedo de lo que puedan encontrar, sobre todo no ser así como uno creía. El reflejo dice mucho de una persona y hay un miedo extendido de encontrarse con una realidad desconocida y cruel. Conocer la realidad de nuestro reflejo se consigue si emprendemos este viaje hacia nuestro interior, aquel que conocen y ven las personas que nos rodean.

¿Quieres conocerte mejor? Pues cualquier día, cualquier momento, es bueno para comenzar a practicar el ejercicio de mirar al fondo y al interior de uno mismo: simplemente se trata de mirarse al espejo.

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