Por estos días escucho preguntas de mujer acerca del carácter, que resulta finalmente corriente, de algunos caballeros que lucían como si fueran especiales en sus formas de hablar, mirar, cortejar, y expresar.

El hombre promedio se plantea como un cazador en el mundo, en sus diferentes especies, y fases hormonales. Corteja de acuerdo a su deseo momentáneo y luego olvida cierta dulzura; mira como si tuviera el derecho  de hacerlo, a cuanta mujer se le cruza, como león al acecho, y además tiende a hablar de las mujeres, como seres de uso, tomando en cuenta, que se habla de esta manera, de muchas formas explícitas o no: deposita en los amigos tánto de su identidad que parece no superar el tiempo primario de la configuración de su ser para madurar y ser un hombre de familia, viendo el compromiso como una pérdida y no como la ganancia de una compañera de habitación y de vida.

Hay ciertos hombres que a vuelo de pájaro parecen diferentes, se creería que son especiales en la forma de su mirada, en aquello en lo que ven lo bello o encantador; en su hablar que de hecho manifiesta lo que miran, y en su forma de cortejar que a diferencia de los animales, no depende solo de olores hormonales, sino justamente de otra manera de mirar.

Con algunos de ellos al desgajar la cebolla de sus apariencias, nos lagrimen los ojos al notar al final de cuentas, la repetición del hombre corriente; quedando dramáticamente muy reducido el espectro de posibilidades de lo realmente especial. Aun así existen.

En estos días he escuchado preguntas acerca de lo que es el amor en medio de la madurez, cuando ya no somos tan jóvenes sin por ello ser tan viejos aún, y cuando naturalmente seguimos queriendo exactamente lo mismo de siempre. Historias de parejas que pasan tánto tiempo juntas, para finalmente separarse ante el hecho de que este hombre corriente, que ha tenido el gran privilegio de ser amado, se une a otra mujer.

En la película Noches de tormentas, en cierto instante el caballero que por cierto es interpretado por el perfecto actor para estos personajes Richard Gere, escucha relatos de la vida diaria de la MUJER que acaba de conocer, interpretada por Diane Lane, sobre la reciente separación de su esposo por un affaire de él, la entrega diaria a sus hijos y su inmensa dedicación a lo construido juntos, rutina en la que ha ido olvidando como suele ocurrir, algo de sus sueños íntimos; al terminar ella de hablar, él le pregunta: …¿quién cuida de ti?. ¿Quién cuida de ti? … el punto de MIRADA de este hombre especial, pareciera algo sencillo y común, siendo en la vida diaria, más significativa y escasa de lo que parece.

Este amor es del que tampoco se enreda mucho, en lo que no es, lo que sobra o falta; sino en las posibilidades creativas cuando dos se funden, permite ver la maravilla de todo y eso siempre inspira la vida. ¿Habrá que ser un personaje de película para encontrar ésto en la vida diaria?

Los dos personajes se sentían tan agradecidos de haberse encontrado cuando todo parecía resuelto en sus vidas o más bien cuando la esperanza del amor parecía sepultada, que la mirada del amor se vuelve más que encantadora.

Se permitieron transformar sus comodidades por un encuentro que les cambió la rutina diaria a ambos, y potencializó lo que ambos eran como personas, haciéndoles mejores. Esta mujer vulnerable y cálida y este hombre especial que resaltaba lo bello y encantador, no con lenguajes arquetípicos del hombre promedio, sino desde su especial capacidad de leer la esencia de esta mujer.

Pareciera que las palabras de un HOMBRE no importan a una MUJER solo por su forma, sino por lo que ellas enseñan de la mirada del mismo hombre. Detrás de ellas hay un hombre que habla según su mirada.

En la cotidianidad escuchamos la manera de hablar de los hombres, desafortunadamente muchos de ellos son formados en su mirada de la mujer, a través de los convite de amigos en la adolescencia y juventud. Es verdad también que la influencia externa despende de lo que cada quien tenga como las bases, que se forman en él, a través de sus relaciones primarias, sus conversaciones o ausencia de ellas; pero claro, él también toma una posición y una decisión.

Podemos decir que un hombre especial se desmarca, con bases o sin ellas de lo corriente, de las murmuraciones grupales tan formateadas culturalmente.

Qué tipo de mirada acerca de la mujer se establece, cuando en algunos casos, el HOMBRE joven se entrega a la formación que le da la pornografía, la morbosidad, los chistes de uso de la mujer, las evaluaciones grupales algo grotescas sobre los dotes y características de una mujer en sus formas; cuando tiende a fortalecerse con sus pares masculinos en clichés, por temor a acercarse a la dulzura femenina, tan notorios en el mundo de ciertos adolescentes, y no tan adolescentes.

Evidentemente será diferente a la de un HOMBRE formado de otras maneras, que lee otras cosas, que ve otras cosas, que juega a otras cosas, que conversa otras cosas, que mira otras cosas, que prioriza otras cosas; para quien su mirada eguramente no se depositará en formas corporales concretas, sino en rasgos encantadores como un halito especial, por ejemplo.

Claro, las MUJERES nos formamos con otros insumos, sueños, juegos, suspiros, y también cierta ilusión. Pero en medio del mundo de las mujeres, surge también la descalificación y la suficiencia, tan dañina como la mirada superficial del hombre.

Parece necesario desmarcarse también de las conversaciones en las que constantemente se descalifica al compañero, se le critica, y se acude a la burla, quizás como una manera de equilibrar las cosas.

El mundo se divide en defenderse los unos de los otros, con mecanismos devastadores que sacrifican al AMOR. No se trata de miradas feministas o machistas, en este punto sería esa, una simple polarización que entorpece aún más los encuentros

mirada de hombre

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