noches

LA MIRADA AL CIELO ESTRELLADO Y KIRA

 

Levanto la mirada al cielo estrellado, se llenan mis ojos de miríadas y miríadas de estrellas y luceros que titilaban en un abigarrado concierto de luces y colores. La impresión, tatuaba mi alma de un éxtasis casi divino, embargando mi espíritu de una alegría etérea, celestial

mis pensamientos y recuerdos

Hoy me siento especialmente sensible, mis sentimientos y recuerdos los tengo a flor de piel. Por supuesto mi estado de ánimo actual tiene una motivación; una motivación exaltada por tantos pensamientos y remembranzas de unos amores que llenaron una etapa dilatada de mi vida en años de mi mocedad. Los romances, los amores de juventud tienen esa particular vehemencia de la sangre nueva, de ese calor apasionado que nos llena de ansiedad, que nos hace temblar por las emociones ignotas que se producen en nuestro interior.

diferentes maneras de amar

No es lo mismo amar de joven, cuando llegamos a la edad madura, ni tampoco cuando tenemos la dicha de llegar a la tercera edad. En la juventud somos osados e irresponsables en el amor, con ese ímpetu atropellado y apasionado que nos endilga nuestra sangre fresca, llena de vida. En la madurez, estamos en la mitad del camino, ya hemos adquirido la experiencia y la experticia para amar, amar con propiedad, con el conocimiento que nos da nuestro transito por tantos brazos amorosos y ardientes, donde nos hemos arrebujado, dado y recibido amor.

En la madurez estamos en la plenitud de nuestras vidas, básicamente tenemos todo lo que necesitamos para producir y dar placer a nuestro ser amado, despertar en esa persona que goza de nuestra preferencia amorosa, afectiva, apasionada; los placeres y delicias que hemos adquirido en nuestro periplo amatorio por almas y cuerpos que nos han regalado la gama completa de sus pasiones y amor. Me siento agradecido por las tantas señoras que me han permitido acunarlas entre mis brazos, recibir el calor de sus cuerpos turgentes y sus caricias plenas.

la edad dorada

En la época dorada de la tercera edad somos: seres que estamos de vuelta de todas partes, nuestro estadio amoroso y afectivo ya está asentado por la experiencia y por las limitaciones de nuestros años. Nuestro abanico de acciones y opciones están limitadas pero; eso no nos minimiza por el contrario contamos con un arsenal de conocimiento que ya quisieran para sí los jóvenes y no tan jóvenes. Sabemos cómo tratar, adivinar los menores deseos del ser amado. La serenidad que nos dan los años, aunado a esa expresa delicadeza en el tratamiento afectivo a la elegida de nuestro corazón, eso no tiene precio ni comparación.

una larga reflexión

¡Me extendí más de lo que cría! La exaltación sentimental con la que inicié este relato tiene una motivación especial. Luego de más de treinta años, recorriendo, andando por los caminos de la vida, he vuelto a reencontrarme con mi viejo amor, el amor de mis años de juventud, de la pasión, del ardor que orlaba nuestra relación en el pasado. En los años transcurridos por circunstancias que serían muy largos de relatar, y por circunstancias que escaparon en su momento de nuestro dominio, nos separamos dolorosamente. Con el agravante de no tener esperanzas de volvernos a encontrar.

el regreso de kira

Kira; mi siempre recordada y amada Kira por una carambola de esas que se gestan en la vida, casi que de improviso ¡cae! En mis brazos, para su regocijo y el mío. Estamos en una encrucijada en la vida de ambos; no somos jóvenes ni aún ancianos. El destino se ha encargado de ofrecernos una nueva oportunidad de reconciliarnos con nuestro amor, la oportunidad de empezar desde cero, sin pasado, sin preguntas. Sería pecado no asirnos a ella, de permitirnos gozar de esta única y preciosa ocasión de volver a juntarnos. Ella y yo somos libres no tenemos compromiso con nadie, solo con notros mismos.

la culminación de todo lo nuestro

¡Al fin llegó el día! Frente a nosotros se encuentra el representante del poder civil, en la pequeña sala nos encontramos solamente los testigos, los familiares más cercanos, Kira y yo. El representante del poder civil pregunta. ¿Sra. Kira Cal… acepta usted por esposo al Sr. Carlos Cru…? ¡Si lo acepto! ¿Sr. Carlos Cru… acepta usted a la Sra. Kira Cal… por esposa? ¡Si la acepto! En nombre de la autoridad con la cual estoy investido, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.

Por eso me he tomado un momento solo en el jardín de atrás de la casa. Realmente me encontraba dándole las gracias a la ¡Divina Providencia! Por darme tanta felicidad. Los designios de Dios son inescrutables.

mancha1

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