Minerva mujer especial y sus tribulaciones

Hacían seis largos meses, que a mí me parecían siglos desde que me separé de Minerva, una mujer regia, elegante, uno de esos ejemplares femeninos que deslumbran nada más que de mirarlas. Ella tenía además como un atributo especial, la habilidad y la inteligencia de saber manejar a los hombres. Al parecer en su pasado había pasado por muchas tribulaciones y sufrimientos por enamorarse del hombre equivocado, lo cual la marcó para toda la vida.

Los seres humanos siempre, en nuestro manera de ser vivimos inmersos en cualquier estado de contradicciones, nos comportamos de una manera acertada en unas cosas y en otras somos la otra cara de la moneda. Esto influye en nuestra personalidad, imprimiendo rasgos y formas de comportamiento que se dicen y se contradicen. Una forma de analogía simple sería el aceite y el vinagre, que están unidos cuando los integramos y luego se separan en estado de reposo. Me explico; igual sucede con los seres humanos que nos unimos por sentimientos y conveniencias y nos disgregamos o separamos, cuando se acaban los sentimientos y las coincidencias.

Minerva, era una mujer con bienes de fortuna adquiridos de forma fortuita, en una relación anterior, estuvo unida a un hombre de empresa, que la llenó de todo aquello que se le antojaba; joyas, casa, apartamento, automóvil y de alguna manera le enseñó maneras de inversión en negocios, acciones en empresas. Para no hacerles el cuento más largo, esto; la convirtió en una mujer adinerada. Finalmente andando el tiempo se separaron, porque…

No les he mencionado mi nombre, es un olvido involuntario, me presento; soy Alfonso. Minerva y yo nos conocimos en un piano bar, ella estaba sola sentada en una mesa alejada del centro del local, un lugar discreto en un ángulo de la amplia sala.

Estaba sentado en la barra tomando una cerveza, yo era un asiduo cliente de este local, el cual tenía un ambiente agradable, música en vivo, sin estridencias, suave, romántica. Me entretenía observando a la gente aquí y allá, parejas, enamorados. Precisamente, dirijo la mirada a ese ángulo de la sala donde estaba Minerva, a la cual no conocía, pero si tomé en cuenta que algunos hombres trataron de acercarse a la dama, que por lo que veo todos fueron rechazados.

Desde mi banqueta, a lo lejos veo la silueta de la mujer, la creo bonita desde acá, estoy lejos, a una distancia regular que no me permite precisar detalles, tomo un sorbo de mi trago y, torno a fijar la mirada a donde se encuentra el motivo de mi curiosidad. Fui tan obvio que me hice notar por la dama, creyendo ver a lo lejos un asomo de sonrisa. Iluso sigue creyendo.

amantes

Hago señas al barman que me sirva otro trago. Pienso que ya es suficiente, lo termino y me voy. Me quedo mirando el fondo de mi vaso, sumido en mis pensamientos, el trabajo, el dinero, mi soledad, una soledad relativa. Tengo una relación de algún tiempo, con una linda muchachita, que entre sus atributos cuenta con una estilizada figura, flexible como un junco, ojos negrísimos, moderna sin ser sifrina, ella me ama de una manera apacible, serena, me encanta amarla. Pero; volvemos a las contradicciones, aún amando a Olga, que así se llama mi muchachita, siento que me falta algo, algo más glamoroso, mundano, pecaminoso, en verdad no sé.

-Señor- es un camarero- Dime- la señora que se encuentra en aquella mesa desea, le pide que se acerque a su mesa, si es tan amable, señalándome la mesa que minutos atrás era objeto de mi atención- Bien, gracias-

Llamo al barman, pago mi consumición y echo a andar hacia la dama en cuestión. –Hola, como está- Muy bien, tome asiento por favor- Dios, créanme, en mi vida, en pocas ocasiones he visto una señora como esta dama, aquellos ojos pardos profundos que acariciaban al mirar, pómulos salientes, una boca grande de labios bien delineados y una sonrisa de encanto- Me tendió su mano bien cuidada de largas uñas rojas,-la tomé entre las mías reteniéndolas un breve instante- Soy Minerva y tú- Alfonso- A que debo el honor- quería hablar con alguien y, entre todos los que se encuentran acá, me pareciste el más apropiado.

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El poder de la pasión

Desde ese mismo instante caí en las redes de esta hermosa mujer, ella me consumía en llamaradas de pasión sin fin, incansablemente, parecía poseída por Eros en grado superlativo. Que decirles que mi vida cambió de manera radical. Todo yo giraba alrededor de Minerva, se hizo mi dueña, mi todo, luego; al tiempo se hizo impertinente, exigía más de lo que podía darle, no quería un amante, quería; un esclavo sometido a su imperio y su poder. Con la poca voluntad que me quedaba y con la ayuda de mi amada de siempre Olga que, con su serenidad y comprensión contribuyó enormemente en mi liberación de esta devoradora de hombres.

No me equivoco, cuando pienso que Minerva no es una mala mujer, todo lo contrario es; buena, generosa, amantísima. No estoy arrepentido de haberla amado. Deseo que en el futuro encuentre lo que aún no ha encontrado, estoy seguro que así será, se lo merece, de ella guardo los mejores recuerdos, no podía ser de otra manera

 

mancha1

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