Hoy es 16 de marzo, miércoles de la primera semana de Cuaresma.

La Cuaresma sigue siendo un tiempo para la luz. Un tiempo para descubrir como se ensancha la misericordia de Dios hasta abarcarlo todo. Seres humanos y ganado, la creación entera. El profeta la anuncia en nombre del Señor y su palabra llega al corazón de las gentes. Al comenzar esta oración, déjate conmover por esa palabra y pídele, como Jonás, ser cauce de misericordia.

La lectura de hoy es del profeta Jonás (Jon 3, 1-10):

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: “Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar”.

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”.

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: “Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos”.

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Al contemplar cómo afecta la predicación de Jonás a hombres y mujeres, ¿te sientes tú también invitado a volver tus ojos al Dios de la vida, a desnudar tu corazón de toda violencia y ambición?

Dios llama al profeta para anunciar su palabra, ¿sientes esa llamada dirigida a ti también? ¿Quieres ser portador de misericordia y compasión en el mundo?

Al escuchar nuevamente esta lectura, presta especial atención al hecho de que es la segunda llamada de Dios al profeta, porque a la primera, Jonás respondió fugándose. Pero Dios le convoca otra vez y su predicación llega al corazón de los habitantes de Nínive. El Señor siempre ofrece otra oportunidad.

Cierra este rato de oración, agradeciendo a Dios que haya vuelto a confiar en ti, porque tu misión es fruto de su misericordia. Y como amigo pídele que siga contigo mientras atraviesas esta ciudad inmensa que se el mundo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

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