En un año hay 31.556.926 segundos, ¿Con qué se mide la vida? El tiempo pasa, se escurre entre los huecos de los dedos entrelazados en nuestras manos. Es constante. El ritmo de velocidad lo elegimos nosotros.

No se separa con puntos y aparte ni con paréntesis las fechas que creemos que son importantes, ni para el reloj para los cambios de hora ni de estaciones.

En un año tenemos 31.556.926 oportunidades de decidir que seremos en ese instante, posibilidades infinitas de barajar nuestras aventuras, de pensar o hacer que algo suceda. Es esa magia la que da vida a los segundos, lo especial que es tener millones de ocasiones juntas.

Lo miremos como lo miremos, el tiempo es incontrolable. Es una variable que no se puede manipular. No podemos medir preocupaciones, errores ni éxitos, y para dejarlo aún más claro no podemos medir nada en lo que se incluya o esté expuesto nuestro corazón.

Me pregunto ''¿Con qué podría medir la vida, para que no se me escapara...?'' No tengo cubos lo suficientemente hondos ni cintas métricas tan largas. Yo, he llegado a la conclusión que mi vida se mide con sonrisas, con viajes a lugares para explorar, canciones nuevas y besos largos y duraderos, con sentarme una vez más en mi silla a escribir líneas que nunca supe que podría redactar, con llantos delante de mis errores y con inocentes ingenuidades.

¿Y si medimos la vida con los segundos en que hemos querido o nos ha querido ''ése'' alguien? Eso sólo es una parte de la fantasía que envuelve el tiempo. Yo, quiero mi familia, mi pareja, mis amigos.. y aún sintiéndolos cerca sigo queriendo a las personas que un día formaron parte de mi vida, de mis segundos, de mis momentos, y se marcharon.

 

 

Nos mantenemos vivos en momentos y no en segundos

Podría medir mi vida en fracasos, dándole el peso que se merecen y aprender de ellos. Podría medir la vida en horas de cine o de literatura, o en tardes encerradas en el teatro repasando un texto. Podría medir mi vida uniendo casualidades, alimentándome de ellas como quien no quiere la cosa.

Pero te vas haciendo mayor y te das cuenta que a las personas no se las recuerda por los años que se han mantenido con vida sino por los momentos en que se han sentido vivos. De forma que cuando abandonamos físicamente la vida, seguimos ahí en imagenes recortadas de un diario, o en los recuerdos guardados en un baúl.

 

 

Nos mantenemos vivos en la memoria, con la esperanza de que no nos olviden y tengamos que empezar a morirnos lentamente.

 

¿Con qué podría medir la vida?

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