Siento como tus manos rodean mi cuerpo, y mi carne se consume en la necesidad de tenerte, descubrí como la lejanía de mi alma te tocaba sin poder verte, ignorando por completo el hecho de perderte.

Luego entraste en mi habitación, y despojaste de mis vestiduras cada centímetro de mí ser. Pensaba que me hundiría en el pecado mortal, si consumía la fantasía de mi amor, pero luego, no existió tiempo, deje de pensar y me sentí sumergida en la magia de tus manos. Tus labios rozaban cada parte de mi piel y tu lengua se avistaba por los rincones más inéditos de mí ser, mi corazón latia velozmente, mientras solo sentía que iba a explotar en mil pedazos por tenerte a mi lado.

Poco a poco me fuiste dejando desarropada y entre las sabanas, mil caricias que llenaban mi cuerpo, me mostraste el amor que tu corazón parecía haber ignorado desde hacía tiempo. Tu piel encendida me mostró que me amabas intensamente.

Me sentí llena de una ternura inexplicable, te posaste sobre mis bizarrías y comenzaste a estimularme; intentaste producir un éxtasis en mi interior, y yo solo me veía en el edén a tu lado. Pronto sentí que tus huesos y los míos parecían uno, tratantes de no perder el control, pero el deseo de tenernos invadió cualquier pensamiento y lo ignoramos hasta consumir nuestra fantasía.

El néctar de tu cuerpo exploto en mi interior, y yo solo pensé en ser tuya hasta el fin de mis días, no importaba las consecuencias que esto trajera a mi vida, yo solo quería estar a tu lado.

Comencé a calentar lentamente cada parte de tu alma y con ella arrastre la mía, hasta consumir tus más íntimos deseos y fantasías, solo vi tu rostro por el reflejo de la luz, que se colaba entre las sábanas blancas de nuestro lecho. Por un segundo pensé en llegar al Edén, pero nada se comparaba con la sensación de estar entre tus brazos y que me hicieras tu diosa y me elevaras por los cielos incansablemente.

Luego desperté de mi hermoso sueño y me di cuenta que Adonis ya no estaba a mi lado, sentí que mi espíritu solo se ahogaba en llanto.

Quisiera no haber despertado de esta utopía, que hoy me llena de triste melancolía, me sentaré a esperar que tus ojos vuelvan a los míos para que ahora de verdad seas mío.

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