Metamorfosis

Mi formación en la adolescencia no continuó gracias a Dios en manos de frailes verdugos, por no ajustarme a sus apocalípticas pautas académicas y rígidos patrones de conducta. Optaron por despedirme de su establecimiento, salvándome así quizás a tiempo de incontables peligros y mañas. Este hecho influyó sobremanera, fue un cambio absoluto, trascendental y totalmente positivo para mi espíritu, que aturdido despertó a la vida. Siempre he agradecido a mi madre la consagración en aquel crítico momento por la ayuda y el apoyo en la angustiosa búsqueda del nuevo sitio de estudio, y a mi padre, desde luego, por haber costeado la educación en un país analfabeto, donde ésta es lujo y privilegio de pocos.

Tengo la convicción que el sentimiento personal de liberación experimentado fue también en su momento compartido por un alto porcentaje de compañeros llegados en circunstancias similares, a este nuevo sito de estudio.

Con el espíritu del novato abarrotado de pesadillas del inmediato pasado, concentrado en la perdida del año escolar, la expulsión por faltas disciplinarias verdaderas o falsas o la simple desadaptación en planteles de rígidos esquemas de enseñanza prusiana, o pernicioso fanatismo religioso y eclesiástico.

Encontrar el lugar, primero dispuesto a recibir aquellos elementos sociales emproblemados, segundo sin inquirir ni ahondar demasiado por las circunstancias, causas o motivos de su solicitud, generaba de inmediato una disposición de gratitud y lealtad hacia el nuevo plantel.

Total reunidos como colonia de exconvictos, ó en palenque de negros cimarrones, protegidos en causas comunes, se creo necesariamente en aquel colegio de particular instrucción, la atmósfera compartida del clan. Con manifiestos lazos de hermandad por su colectivo origen.

Hoy muchos exalumnos del desaparecido colegio, que expresan con efusivo fervor y orgullo, a pesar de su corta permanencia en él, con emoción y cariño como único periodo escolar destacable para recuperar en sus recuerdos. Olvidando los largos y apáticos años sufridos en otros insubstanciales lugares de enseñanza, o mejor sería decir de reclusión.

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