Mentir y los mentirosos.

MENTIR es considerado un pecado en casi todas las religiones, incluso entre los católicos puede llegar a ser pecado mortal si con la mentira se daña a terceros, siendo el octavo mandamiento “No mentirás”. A cada paso que damos nos encontramos un mentiroso y no solo aquellos que mienten para librarse de un inminente problema, como el que inventa un accidente que le impidió llegar a tiempo al trabajo o el que a punto de ser multado por exceso de velocidad le dice al policía que iba al hospital por alguien gravemente enfermo, me refiero a ese que miente por placer, quien de 10 palabras dichas 5 son mentiras, ese que todos conocemos y al que ya nada le creemos.

La mentira patológica constituye por sí misma una enfermedad que se llama mitomanía o pseudología fantástica, y aunque su existencia es controversial, el término se refiere a aquellas personas que son mentirosos compulsivos o habituales y que aquellas falsedades que dicen son fácilmente demostrables o refutables. Más que mentirosos patológicos, lo que encontramos a diario son los que con diversos trastornos de personalidad como los antisociales, narcisistas e histriónicos dicen mentiras para quedar bien parados de forma sistemática. Son los que tienen las parejas perfectas, el mejor salario, van a los mejores paseos, su vida es ideal y exenta de problemas. Ellos nunca se equivocan en un examen, todo lo aprenden a la primera, y si usted escucha y cree todo lo que dice caerá en depresión, porque al comparar su vida con la de ellos, la suya es un desastre.

De alguna manera todos mentimos, ya sea por acción u omisión. Decimos mentiras piadosas, mentiras cuando no queremos dar información personal y los indiscretos preguntan, y hasta para rellenar lagunas en la memoria de manera inconsciente. Existen profesiones que viven de la mentira como los abogados y los políticos. Incluso nos mentimos nosotros mismos para evitar encarar ciertas situaciones o reconocer determinados sentimientos o emociones. En fin, sin intención de engañar no hay mentira y si por eludir un problema se ve en la necesidad de mentir, sea hábil al hacerlo, no le pase lo que mi amiga que tras múltiples justificaciones de fallecimientos de familiares por sus ausencias a clases el profesor indignado le dijo con ironía: Es usted la persona con más abuelos que he conocido en mi vida.

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