Completamente liberada de suposiciones frustradas. Al menos durante los segundos que te lleva leer estas palabras. Y la concentración completamente firmada por una sola canción. Fundida, congelada, fría y simplificada. Unida por letras fingidas y horrible ante los ojos fijos. Las mentes retorcidamente exactas no te liberan de tu propio ser, y cada vez que te ven caer no hay palabras que las aplaquen. Sombrias, distintas, reconstruidas y divinas. Esquivando entre palabras negadas para evitar ser alguien quieto.

 

Las mentes retorcidamente exactas ya no velan fijadas en mentiras. Flotan entre la penumbra de las mujeres apedradas. Relatan leyendas de madres devotas a la infancia del caos. Cocinan pensamientos finjidos y los plantan entre la inspiración. Contando cada latido antes de terminar de romper la sensación, se escapan de las miradas orates de los que quedan desentendidos al verse completamente desmotivados.

 

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