Todo lo que recordamos es individual y colectivo al mismo tiempo, puesto que necesitamos para validar nuestros propios recuerdos los del resto de la gente, de esta manera se verán incrementados y se volverán definidos y mejor recordados. Podemos decir que nuestro pasado se reconstruye con la memoria colectiva y finalmente nos cuesta diferenciar entre nuestros recuerdos y los recuerdos comunes, además la falta de memoria durante la infancia hace indispensable esta relación entre lo personal y lo colectivo ya que la conocemos en gran parte gracias a los recuerdos de nuestros padres o hermanos mayores. Por lo tanto, existe una necesidad de unir nuestra memoria con la colectiva y también con la historia común porque necesitamos que nuestros recuerdos tengan un significado dentro de un pasado general del que formamos parte.

No obstante, cada uno se acuerda de sus propias experiencias y la mayoría de lo que se recuerda lo hacemos en privado y aunque hagamos publica parte de nuestra memoria, nunca será recibida como una memoria propia ya que esta detenta eventos íntimos y sentimientos particulares que conforman el contenido de la memoria como algo muy personal, incluso los acontecimientos históricos se transforman en experiencias personales que acabaran extinguiéndose con la muerte aunque mucho antes estos recuerdos privados ya habrán suscitado nuestras dudas por la falta de confirmabilidad que comporta no compartir los recuerdos con los demás, de la misma manera que recuerdos que nos han contado han sido incorporados a nuestra memoria como si fueran propios.

La MEMORIA se altera de manera inconsciente, los recuerdos particulares pueden ser falsos pero se mantienen entrelazados con otros, de manera que recuerdos de los que estamos seguros de su inexactitud pueden llegar a perdurar tanto como los que sabemos que son verdaderos, pues no podemos poner en cuestión parte de nuestra memoria porque nuestra experiencia nos llevaría a un presente sin sentido, podríamos analizarlos comparándolos con otros recuerdos, ya que nunca son falsos absolutamente, pero nunca con el pasado en general puesto que el carácter subjetivo de la memoria nos lleva a confirmar los recuerdos más seguros de una manera incierta.

La construcción de una identidad propia y su relación con la memoria ha ido evolucionando con el paso del tiempo: hasta el Renacimiento, la identidad del individuo era totalmente invariable durante la vida y ya en el siglo XVIII solamente se pensaba que aparecía como momentos fortuitos pero que los hechos pasados no afectaban a la consciencia personal y que por tanto no alteraban la identidad personal, a pesar de conectar la vida con la historia siguieron dudando de su relación.

Fueron los seguidores de los primeros ilustrados los que interpretaron la vida como un todo interconectado en el que los hechos de la niñez conformaban su identidad posterior. El Romanticismo consolidó una conciencia de la memoria que no había parado de crecer; las impresiones reiteradas reforzaron el presente a partir de las experiencias recordadas, llegando a grados de autoconciencia inimaginables. A finales de siglo, la autoconciencia pasó a ser un rasgo básico del psicoanálisis pero desde entonces la reflexión sobre el pasado propio ha ido perdiendo importancia.

La relación entre los recuerdos y la identidad es fundamental pues recordar experiencias pasadas nos une a nuestro mundo anterior y por mucho que hayamos cambiado mantiene la continuidad de uno mismo, de la misma manera los grupos movilizan la memoria colectiva para sostener la identidad asociativa igual que estados o empresas utilizan un registro legal que sostiene el recuerdo de su legitimidad.

La revisión de nuestro pasado altera los recuerdos; realzando determinados eventos, reinterpretándolos desde una experiencia posterior y adaptándolos al momento presente de manera que nuestra memoria elimina imágenes y reconstruye otras de manera más adecuada a nuestro momento actual, transformando de esta manera un pasado vivido en el pasado que quisiéramos que hubiera sido. Posiblemente, como consecuencia del paso del tiempo y el inevitable cambio de perspectiva que aparece cuando un determinado evento ha significado algo diferente de lo que en un principio apreciábamos.

La revisión no suele ser intencionada y se concentra en imágenes intensas o que nos han impresionado, los lugares se suelen mezclar sino son muy distintos e intenta reordenar lo sucedido de manera temporal aunque solamente se trate de momentos discontinuos sacados del transcurso del tiempo, rara vez es una recuperación secuencial ya que los recuerdos surgen por asociación.

Además, con el paso del tiempo se pierde parte de esta memoria y con las nuevas experiencias vividas se modifica el esquema mental de lo que habíamos recordado, por si esto fuera poco cuando hablamos de un recuerdo se vuelve a modificar puesto que volvemos a crear un nuevo pasado.

El olvido de muchos recuerdos es inevitable y necesario; aunque acciones repetidas durante la vida si que vuelven a surgir en la memoria suelen ser recordadas la primera y la última, olvidando gran parte de nuestro pasado. En cambio, algunos sucesos que se recuerdan con más claridad suelen ser los que estuvieron durante un largo tiempo en el olvido. De todas formas, hay recuerdos que deben ser descartados para poder clasificar los restantes de manera que podamos ordenar la memoria, no por conservarla sin más, sino para entender el pasado y poder adaptarlo a las necesidades del presente, esa es su función principal.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: