engaño

 

MELANIE Y NUESTRO AMOR

Me encontraba frente a ella, me sentía dolido, decepcionado. Sus ojos estaban anegados por las lágrimas, en un sollozo convulso y apagado. En medio de toda la situación que pasaba en mi interior, me sentí por momentos conmovido. Melanie y yo estábamos relacionados desde hace poco más de un año, nos conocimos por intermediación de una amiga mutua. Desde un primer momento me impactaron sus grandes ojos claros, su figura bien proporcionada y elegante.

La presentación

En la presentación ella me miraba con los ojos entornados y al ofrecerme su mano me cautivó con una encantadora sonrisa que me hizo sentir un cosquilleo dentro mi, dejándome hechizado, arrobado. Desde ese mismo momento nació entre nosotros una gran corriente de atracción y ya no hubo manera de separarnos más. Conocí a sus padres; gente sencilla, educada, muy tradicional que luego de su conocimiento me distinguieron con una hermosa amistad e igualmente por mi parte les ofrecí mi sincero aprecio y preciada consideración. Me volví un asiduo visitante de su casa, lo cual me acercó más estrechamente a Melanie.

La cercanía familiar

Por eso no resulta extraño que con esta cercanía, nuestra relación se hiciera más firme y me fuera enterando de las interioridades familiares; de su único hermano Esteban nombre homónimo del de su padre al cual no veían desde por lo menos nueve años atrás, según me enteré. Su madre la señora Cecilia y su padre, evitaban hablar de su primogénito sobre todo por la madre, que con su solo recuerdo, sus ojos se empañaban de lágrimas. Me dirigí a su casa como de costumbre, este fin de semana como los anteriores habíamos adoptado la costumbre de reunirnos familiarmente para comer y tomar algunas copas de vino.

Una revelación decepcionante

Hoy me siento feliz; llevo en mi bolsillo el anillo de nuestro compromiso formal para pedir la mano de Melanie. Al empujar la puerta de entrada, escucho palabras susurrantes entre mezcladas con llanto, me asomo sigilosamente y la imagen que captan mis ojos es la de Melanie sentada en las piernas de un hombre desconocido y al cual se aferraba con el dogal de sus brazos alrededor de su cuello. Siento que mi corazón pega un salto y luego se desata desbocado, la angustia me corroe las entrañas y dando media vuelta retorno a la calle, se me reseca la boca y aspiro aire desesperadamente ¡siento que me ahogo!

Me refugio en un bar, tomo asiento en la barra, solicito un whisky y otro, apurando ambos tragos casi sin respirar entre uno y otro ¡tengo la mente en blanco! Lentamente una calma pesada se apodera de mí presagiando acciones primero y que luego empiezan a emerger con un hondo sentimiento de rabia, despecho, impotencia. De improviso tomo una decisión. Tomo mi móvil y le marco a Melanie -aló Ray que pasa porque no has llegado aún- me contesta ella- ¡Quiero que vengas acá inmediatamente¡ estoy en… -y corté la llamada –A los veinte minutos llega ella azorada y con la mejillas sonrosadas por la excitación- se me acerca para darme un beso y le aparto la cara-

La evidencia

¿Qué te pasa mi amor? La miro fijamente; -digo -he decidido dar por terminada nuestra relación. Esta es la causa del llanto que nos ubica al principio de nuestra historia. Luego ¿Por qué? –Le contesto- ¿Cuánto tiempo tienes engañándome? -¿estás loco, de donde sacas eso? –Sí; no me hagas decirte una barbaridad le digo- -dijo ella –Ray por favor explícame, no te entiendo, -respondo –Hace apenas dos horas te vi en tu propia casa en brazos de un hombre- ¿estoy mintiendo? -Ella puso sus ojos en blanco sorprendida y luego cambiando de semblante, su rostro se fue iluminando con una sonrisa para pasar de inmediato a una risa abierta- -Dios mío, ¡estas confundido! Declaró luego

La verdad se impone

Ese es mi hermano Esteban, que como sabes teníamos un montón de años que no nos veíamos. Ahora soy yo el que pega un respingo de sorpresa, quedé aturdido, paralizado. Nos quedamos en silencio, mirándonos. Al retomar la conversación, yo; sentía una gran pena, había hecho el ridículo, no hallaba donde mirar por la vergüenza. Melanie tendió su manita a través de la mesa y apretó la mía- diciendo tranquila –amor mío, ya pasó –Ven vamos a casa, me levanté como un autómata y la seguí en silencio con paso inseguro. Llegamos a su casa; allí estaban reunidos padres e hijo llorando y riendo a la vez.

Nos agregamos a la reunión, ellos nos recibieron alborozadamente. Más adelante surgieron las explicaciones obligadas a satisfacción de todos. El final de la misma ha sido la pedida de mano y compromiso formal con Melanie para satisfacción de todos los presentes. Finalmente todos felices.

 

mancha1

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