Una cuartilla y su pluma amiga

 

No soy articulista. Quizás sea un ATREVIMIENTO y tal vez no deba intentarlo. Pero; por qué no.

  Solo trato de escribir. Y de muy buena fe aprovecharé esta oportunidad para trasladar mis avatares en el mundo literario a quienes se decidan a leer estas líneas.

  Siempre fui un lector ávido e incansable, desde esos primeros cuentos infantiles que pienso todo padre consciente de su importancia debe poner en las manos de su hijo. Después mis lecturas fueron acomodándose a la edad. Con el libro siempre junto a la cama o la silla del portal.

  En un momento, inesperado, llegó el salto, el cambio; tal como pasa prácticamente en todas las actividades de la vida. La lectura, aunque me alimentaba de conocimientos, ya no me colmaba. Entonces una tarde recordé a Terry, uno de los tantos perros que tuve en mi infancia; no solo lo recordé sino que lo vi a mi lado gruñendo con fuerza. Terry le ladraba a la musa que había llegado para formar parte de mi vida. En ese mismo instante fui hasta la mesita del patio y escribí mi primer cuento: ¡qué alegría sentí al leerlo!

  En sus líneas reflejé la llegada de habitantes de otro planeta al fondo de mi casa. Esa tarde quedó definido el género que trabajaría. ¿Será extra terrestre mi musa?

  Entonces comenzaron mis andares por el mundo de las letras; conocí los Talleres Literarios, investigué sobre las técnicas de narración; preguntaba sin parar. Incluso inicié una relación; ella Licenciada en Español y Literatura y sus impulsos fueron decisivos; agradecidos por siempre.

  Hace casi veinte años de aquella primera historia. Después llegó otra, esta de amor. Dicen algunos que la han leído que tiene gancho; pero a mí no me convence.

  Los de otros mundos, otros tiempos, los fantásticos; esos me cautivaron hasta hoy. ¿Puedo considerarme escritor por llevar dos décadas escribiendo? Por su puesto que no, se debe respetar a los que ESCRIBEN. Pero no pienso dejar de entrelazar palabras y personajes imaginarios, ¿debo dejar de crear historias? Por supuesto que no, tengo que respetarme yo mismo: escribir, complacerme, e intentar darlo a conocer.

  Y lo más importante: APRENDER las infinitas técnicas literarias que nos permiten expresar nuestras ideas mediante palabras.

  Si leyeron hasta aquí, pues vaya un consejo, o dos; con la mejor intención: lean siempre, sin parar, ese es el cimiento de la vida y si les gusta, pues escriban, aunque sus historias solo sean leídas por mamá, papá, el amigo o la hermana… Cualquiera que termine una de ellas, les haga una crítica y al mismo tiempo los mire agradecidos; les estará regalando un confort inenarrable.

Sentado frente a la mesa

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