Para todos en general el aprendizaje de la matemática, causa un gran dolor de cabeza, en gran medida porque su base de enseñanza son numerosas formulas, que hay que aprender de memoria.

La incapacidad de explicar con palabras los indescifrables ejercicios para los mortales común y corriente, en los que me incluyo de primero, hacía, hace y hará que unos pocos solamente logren aprender matemática.

Para los privilegiados aprenden matemática única y exclusivamente sobre la base de signos y formulas, sin poder conceptualizar de ninguna forma, cuando les toca de tutores o maestros.

Para nadie es un secreto que la matemática es el idioma universal y la base de todo lo que existe, por lo que su dominio es importante para el avance de las comunidades.

El desarrollo de ciencia es vital en la prosperidad de los pueblos, pero ésta sin apropiados conceptos matemáticos, es casi imposible.

Otra de las cosas que impide nuestro aprendizaje matemático, es que desconocemos su utilidad en nuestra vida diaria, es decir por ejemplo para que la necesita un profesional del periodismo.

En pocas palabras lo que quiero decir, es que el desconocimiento de su utilidad, nos desmotiva para aprenderla, considerándola una perdedera de tiempo.

La matemática en cierto sentido para quien logra desarrollar sus inmensos y complicados ejercicios, es un trofeo que alimenta el ego de la genialidad individual, así en esencia no se utilice jamás para un mundo mejor.

En estos momentos en mi país Colombia, ha causado gran revuelo la calificación de sesenta y uno, entre sesenta y cinco países con los que nos evaluaron en matemática.

Juzgamientos y rasgaduras de vestiduras de toda la comunidad, echándole en gran parte la culpa a la pereza de los jóvenes, que puede tener algo de cierto, pero que no es en el fondo en alto porcentaje determinante.

Dejo en claro  que no soy un especialista en educación, pero parto de mi experiencia educativa, para fijar la posición en este escrito.

Cuando no puedo tener un cimiento teórico, más concretamente conceptos, palabras que me guíen, no tengo como resolver las dudas que se me presentan.

Este es el caso del aprendizaje matemático, cuando olvido la formula a aplicar, no puedo acudir a un soporte teórico, porque éste generalmente carece de amplias palabras explicativas

Sin ser impertinente, ni mucho menos ofensivo, opino que el aprendizaje matemático para la mayoría de los mortales, es un proceso memorístico y automático, que no se puede explicar con palabras,

Fenómeno que se repite de generación en generación, es más parece tan difícil su conceptualización amplia, lejos de ecuaciones y simbolismos, que la tecnología aún no ha desarrollado una herramienta apropiada para su enseñanza.

Los jóvenes de hoy son más visuales que nunca, aprenden sobre el reto de los juegos, desconociéndose la existencia de alguno netamente matemático.

En las aulas colombianas persiste los tableros acrílicos y el sistema “formulesco”, ¿entonces cómo queremos mejores resultados?

Es hora de ponernos serios, y de una vez por todos construir un nuevo modelo de enseñanza matemática, donde las palabras crezcan como soporte a las dudas.

Reconozco que no es fácil, pero cada día  de demora, nos condena al ostracismo.

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