Caratula de El matadero

EL MATADERO, UNA VISIÓN DEL PASADO ARGENTINO

El matadero, la novela corta de Esteban Echeverría, es una obra literaria que pretende mostrar la vivencia de la sociedad argentina durante el mandato de Juan Manuel de Rosas, una crítica a la sumisión del pueblo frente a un régimen dictatorial que ha encontrado un nicho entre el fervor religioso y obediencia de la gente, describiendo el autor en su narración un lugar de Argentina que se ve sumido en la desdicha política y las catástrofes ambientales como fondo descriptivo de la desgracia de un pueblo servil y religioso, divido en dos bandos que se enfrentan por la lucha de ideales, por un lado se encuentran los unitarios defensores de la libertad en contraposición del gobierno de Rosas, por otro lado se encuentran los federales fieles al régimen que bajo su protección se desbordan en barbarismo y violencia contra todo lo que pretenda estar en desacuerdo con la visión del dictador.

La historia se desarrolla en plena cuaresma, como telón de fondo para representar un pueblo religioso, evidenciando el fervor de la gente que se sumerge en la veneración como un rebaño que no ve, que no piensa y que como corderos se dejan comandar sin rechistar ni observar el contexto real y miserable en que el régimen los ha envuelto. De igual forma Echeverría presenta un pueblo en el cual los matarifes tenían el poder por ser secuaces de Rosas, adiestrados en el manejo del cuchillo disponían de las reses como bien creyeran, sembrando el miedo en todo lugar amparados bajo la custodia poderosa del régimen.

El matadero presenta dos poderes que se alimentan de la ignorancia y sumisión del pueblo, por un lado se encuentra al gobierno representado por los federales que se regocijan en el abuso, y por otro lado está la iglesia, siempre acomodándose hacía el lado del gobernante de turno, pero la crítica del autor no solo va dirigida hacía aquellos poderosos, sino que también la dirige hacía los sumisos, aquel pueblo que acepta cualquier mandato sin ni siquiera escandalizarse, gente que vive en un letargo que no despierta ante los abusos que se cometen, y aun así se ensañan contra quienes luchan por la libertad, esa idea romántica que se abre paso siempre en medio de las peores decidías, aquel ensañamiento se debe en gran parte por la fidelidad que se le guarda al dictador, bajo un fanatismo insano tanto al gobierno como a los intereses de la iglesia.

Aquella sumisión total a los ya mencionados poderes que se yerguen en la narrativa de “El matadero” es el nicho perfecto que aprovecha el régimen dictatorial para servirse del pueblo, utilizando el miedo para dirigir la masa convertida en borregos aduladores que viven en la inmundicia que ellos mismos han aceptado volteando sus miradas a otro lado mientras glorifican a su Dios y veneran a su amado gobernante, endiosándolo y haciendo cualquier afrenta hacía él una blasfemia, llamándolo “el restaurador” como dándole un título que pontificador, sumiéndose aún más en su fanatismo ciego.

La narración de Estaban Echeverría se encuentra cargada de metáforas que ejemplifican la vida en el régimen de Rosas, desde los novillos que representan a la masa informe del pueblo sin oposición alguna para el régimen, fanáticos y defensores de sus verdugos, hasta la inundación que viene a simbolizar a Argentina hundida y anegada por la violencia, la desidia y poder dictatorial, sin olvidar como el autor describe la matanza de reses que impregna de sangre al pueblo, junto con barro, sebo y entrañas, mientras felices se revuelcan en su inmundicia, como significando que a la gente no le importa su destino, simplemente se alegran de su situación y viven en medio de la violencia sin que se inmuten.

 

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Sin embargo, Esteban Echeverría también dedica en su historia tiempo para los luchadores anónimos que se enfrentaron a los abusivos tratos del gobierno y la manipulación de la iglesia, actores importantes dentro de la narración de "El matadero", soñadores románticos en busca de la libertad que exponen su vida con tal de hacer notar el abuso del régimen para mantener el poder. Los llamados unitarios, buscados por el régimen de Rosas porque eran desestabilizadores de su poder, personas que el miedo no amedrantaba y que notaban lo que el rebaño religioso no quería ver, la subyugación por parte de la dictadura.

Con el joven unitario, Echeverría plasma lo que pensaba de la libertad, sin bien mostraba al pueblo regocijándose entre las vísceras y sangre del ganado, al unitario lo representa como un hombre joven que no es tocado por ese mundo hostil y sucio, sino más bien como alguien apuesto y limpio, que desde su caballo mira al vulgo que se revuelca feliz en el barro. Para el autor podría significar todo lo contrario a lo que criticaba, alguien que no pertenece ese mundo lleno de matarifes y amantes del gobierno de Rosas, pero Echeverría también hace que su personaje sea llevado al nivel de los demás, cuando es tirado del caballo por Matasiete y agrediéndolo, sumergiéndolo en el mundo de barro y sangre que es el pueblo, tal vez el autor pretende mostrar sus pensamientos a través del héroe, que no pierde su dignidad aferrándose a su ideología, pensando siempre en ese anhelo romántico de libertad, tanto así que muere luego de ser torturado como alejándose de aquel mundo que impide que el pueblo despierte y se revele, yéndose y dejando la inmundicia para aquellos fanáticos que matan a quien piensa diferente.

Esteban Echeverría entonces deja una pequeña narración que es grande en críticas al gobierno de Rosas y que plasma un fragmento de la historia argentina, dónde el pueblo se merece su destino, por ser borregos ciegos dirigidos al matadero por su pastor. Representando así, en un pequeño pueblo a la Argentina sumida en la dictadura, desde la gente del común hasta sus gobernantes déspotas, tratando de dar ideas de lo que podría ser un mundo mejor, sin dictadores, con personas cultas que reniegan de dogmas religiosos y sociales, una idea romántica de libertad.

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