Hoy es 22 de marzo, martes de la segunda semana de Cuaresma.

Ahora, es el momento de pasar un pequeño rato en oración, tiempo con y para el Señor. Lo primero es tomar conciencia de su presencia. Para ello repite lentamente, saboreando cada palabra. Aunque no te vea Señor, aunque no te sienta, yo sé que estás aquí conmigo. Aunque no te vea, Señor, aunque no te sienta, yo sé que estás aquí conmigo.

Hoy la Palabra habla de las motivaciones, del silencio, del servicio, de qué hago por el Reino, y sobretodo de cómo y porqué.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 23,1-12):

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".

»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar "Doctores", porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

¿Cómo resuenan las palabras de Jesús en mi interior? ¿Me siento desenmascarado, un poco avergonzado o quizá me sale enseguida señalar a aquellos que hoy en día actúan de manera hipócrita como los escribas y fariseos que habla Jesús?

Pero en el fondo, Jesús no habla de ellos, sino del servicio. De cómo se debe trabajar por el Reino, ¿cómo sirvo yo a los demás, soy el protagonista o dejo que los demás ocupen el centro?

Cuando Jesús se dirige a sus discípulos, les pide que su forma de ayudar a los demás sea desde el silencio, desde la sencillez, desde lo pequeño y que Dios ve en lo escondido. ¿Cómo puedo dirigirme a los demás? Puedo hacerlo desde la humildad del que sabe que todo lo que puede ofrecer le ha sido regalado.

Fíjate que en el evangelio, Jesús no dice que se alejen de los fariseos y escribas, sino que hagan lo que dicen, pero no los imiten. Deja que Jesús explique mejor, con las palabras que dirige a los apóstoles. Escúchalas como un discípulo escucha a su maestro. Escucha con el deseo de corazón de recibir sus consejos.

Habla con el Padre de cómo hablas a los demás, de cómo ayudas a los que se cruzan en tu camino. Y con él echa un vistazo a tu alrededor. ¿Cuántos servidores silenciosos? ¿Cuánta gente que no conoces, que no salen en las noticias y que trabajan desde la sencillez? Da gracias a Dios por ellos y trata de descubrir todos esos trabajadores de lo escondido, que huyen el vano honor.

Toma Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo dísteis, a vos Señor lo torno. Todo es vuestro. Disponed toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.

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