Marcos era un escritor; en su familia, sus papás habían sido escritores reconocidos, pero Marcos que ya oscilaba los cuarenta años, no era famoso, escribía buscando como Gabo una historia jamás contada, que no existiera antes, lo que para Borges sería ya imposible, si cremos que Borges es la literatura.

Sus papás le llamaron Marcos no por el evangelista, ni por alias "marcos" hombre de confianza de alias "megateo", narcotraficante. Ni tampoco por aquel comandante de la brigada treinta, ni por el buen emperador Marco Aurelio. Lo llamaron MARCOS, por la canción La Soledad de Laura Pausinni; canción que escuchaban accidentalemnte, el día en que Marcos fue concebido.

Marcos creía que el talento de sus papás se habría saltado una generación, como se cree popularmente; que tal vez, con el antecedente de su nombre, era una terquedad de su voluntad, tratar de escribir en vez de cantar, lo que hacía solo mientras cocinaba.

Marcos fumaba mientras escribía, por un hábito que retomó sin saber por qué; empezaba a escribir, esta vez, sobre la idea que no tenía; escribiendo como una manera de construir, de contar, de proyectar, y de encontrar; solo empezó a escribir.

Retumbaba en su corazón, la frase " un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que llevamos dentro" cita que no se ha aclarado aún, si es de Kafka o Dostoievski; igualmente le daba vueltas en su corazón, la hipótesisi oculta de que Kafka, reescribió a Dostoievski.

Era eso, lo que sentía Marcos, era lo que esperaba que estuviera haciendo al escribir, intentando romper su mar helado, un mar que creía algo escondía, al romperlo fluiría, finalmente, quién era él.

No tenía ninguna idea, estaba allí sentado, frente a la pantalla en blanco; se detuvo a pensar en los sustantivos, en aquel lugar que nombra Borges en Ficciones, en donde los sustantivos son un cúmulo de adjetivos; lugar donde también, existe un tigre invisible y un edificio de sangre; mientras fumaba varios cigarillos, su pantalla seguía en blanco, pero su alma se alimentada con el deleite, de recuerdos narrativos, maneras maravillosas, de escritores impactantes que él había leído; le resultaba paradójico que como dice Proust, se conoce más a los que no se conocen, pues no recordaba ninguna cita de algún libro de sus papás, a pesar de ser los únicos de los que había leído todo.

Solo le rondaba un pensamiento, escribir sobre la idea que no tenía. Se preguntó ¿qué significa escribir sobre lo que no se tiene? , tal vez la escritura existe, precisamente por lo que no existe. Como todo acto creativo, engendra algo, que antes no exisitía, o por lo menos, no de esa manera.

Borges aludía a un acto de la memoria, como manera de escribir, lo que siempre ha estado escrito. Pero finalmente, por qué se enrredaba, acaso ¿quién era Borges? pensó,  ¿el otro de su espejo?, se reconfortó con el consuelo popular de que tal vez, simplemente Borges nunca existió; como tampoco exisitió Kafka, Proust, Joyce, todos aquellos que jamás recibieron el premio nobel de literatura, tal vez, aunque le parecía algo inocente pensarlo; pero tal vez, de alguna manera, no exisitieron, ya que dicen que no se reconoce lo que no existe.

MARCOS río al encontrarse con la ridiculez de sus argumentos, dejaría a Borges y a los otros en paz; por ahora tenía la necesidad de ESCRIBIR, sin IDEA de qué escribir, escribiría sobre la IDEA que no tenía, pues finalmente ¿qué son las ideas? ¿ existen las ideas, como una esencia independiente de las cosas, como dice Platón? se detuvo otro largo rato, meditando esta vez, sobre la existencia de las ideas; de dónde provienen, qué son, ¿son confiables?, ¿son un espejismo?, ¿qué función cumplen en el pensamiento y en el lenguaje?.

Marcos estaba allí filosofando, sin escribir nada, solo por el delite de las contradicciones, del juego de los planteamientos, que como diagramas de flujo se organizan para establecer conclusiones, desconectadas al fnal, de todo sentido común.

Seguía sin escribir, pero ahora sentía más bien, un gran deseo de volver a leer los clásicos, los de siempre; le parecieron los referentes de todos, como patriarcas de alguna parte del ser humano, letras antiguas que permiten, que unos se conecten con otros, de cualquier lugar del mundo, cuando nada más los conecta.

Finalmente le pareció que esos autores son como las ideas platónicas, están ahí afuera, independientes de las cosas, construyendo ciertas realidades, que cada quien toma, y las hace suyas por partes, para nombrar todo, y nombrarse a sí mismo. Siendo el que las toma, el autor por momentos, y luego devolviéndolas de nuevo, a su lugar de siempre.

Tuvo la incertidumbre, de no existir tampoco, pues nadie lo reconocía, tal vez él era Borges, Kafka, quién sabe si platón, o su papá; se enrredó en la duda.

No era para él ya una necesidad ESCRIBIR un libro, si llegaba a existir un libro, sería más bien, el resultado del uso, de usar aquella hacha de las IDEAS, y las letras; tal vez, no hay nada más qué buscar detrás, y simplemente seamos el mar helado que escabamos, solo por el placer de buscar; aún así le llamó la atención que Kafka creyera que se necesitaba un hacha.

 

 

 

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