amoroso

MAR, AMOR Y DESGRACIA

 

Me encontraba de pie con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, frente a la ventana del frente de la casa, mirando a través de ella el inmenso mar que se encontraba aproximadamente a unos 70 metros, las gaviotas revoloteaban sobre la superficie del mismo y de vez en cuando entraban en picada para pescar una presa que engullían con presteza. Más allá el horizonte que se unía al mar formando una raya al final de la enorme inmensidad, algunos botes de pescadores regresaban a puerto y otros se alejaban para sus labores de pesca, en una tarde que caía lentamente.

Observando

Olía a sal, a iodo, soplaba una brisa que a cada momento aumentaba su velocidad refrescando el ambiente, el cielo tenía densos nubarrones grises y a lo lejos ya se escuchaba tronar, presagiando tormenta. ¡Suspiro! Doy media vuelta y me dirijo a la tumbona donde rato antes me encontraba echado, me tiendo en ella no sin antes tomar el vaso mediado de whisky con hielo del cual tomo un largo trago. Retomo mis pensamientos, pensamientos que me retornan al lugar sombrío donde me encuentro desde hace cinco días, los cuales me resultan una eternidad.

La sala estaba en penumbras, ya la noche estaba cerca, tomo otro trago, ya me siento achispado por los efectos de la bebida. Todos estos días han sido lo mismo, no recuerdo cuando comí por última vez, mi ánimo está por los suelos, mi corazón destila desconsuelo, una lágrima furtiva rueda por mi rostro. No puedo sustraerme al recuerdo de Patricia, mi bien amada, la única mujer que he amado en la vida, su presencia aún llena mis ojos, su cuerpo amado, sus ojos, su boca, toda ella. Fuimos muy felices, inmensamente felices, hasta que el destino me la arrebató.

Amor a primera vista

Teníamos apenas cinco meses de casados, lo nuestro fue amor a primera vista. Como ocurre generalmente en estos casos fue un encuentro fortuito. Entraba yo al supermercado a hacer unas compras cuando ella salía cargada de bolsas, tropezamos, le tiré todas las cosas que cargaba- ella, pegó un gritito –hay, por Dios –Perdona alcancé a balbucear –de inmediato me dediqué a recoger todo lo que estaba regado en el suelo –Era tal mi azoro que no había reparado en ella –La muchacha tenía la mano tapando su boca- Entonces la miré –me quedé de una pieza –que joven más hermosa, blanquísima, grandes ojos negros, pelo corto color castaño y una figura bien proporcionada-

Yo; no hallaba que hacer ni que decir mientras le entregaba sus paquetes- Ella me miraba con los ojos entornados – Yo- discúlpame por favor- Ella entreabrió sus labios en una tenue sonrisa- Bueno no es nada, no hubo daño- Déjame ayudarte, donde vives- por aquí cerca -Tomé parte de sus paquetes y echamos a andar- dime por donde dije- vamos contestó- La estaba mirando de perfil- Le pregunté- cómo te llamas- Patricia- y usted- háblame de tú, no soy tan viejo- Michel- Llegamos a la puerta de su casa- ella dijo- aquí es –le tendí los paquetes y en una inspiración le dije ¿puedo verte otra vez?

No sé- por favor- todas las tardes doy clases nocturnas y salgo a las 8 de la noche del instituto- digo- dame la dirección- lo cual hizo- Desde ese momento en adelante fuimos inseparables, a las pocas semanas me invitó a su casa de ahí a conocerse nuestras familias fue un saltito. A los 6 meses nos casamos, nuestra felicidad no tenía nombre, mientras estuvimos juntos fue una perenne luna de miel. Nos la pasábamos haciendo planes para el futuro

La emboscada de la vida

La vida nos tenía guardada una emboscada. Los alrededores del instituto donde ella impartía clase se habían infectado de una creciente inseguridad personal, asaltaban a los estudiantes, profesores, transeúntes, en fin; era una situación que se hizo insostenible, por lo que ya Patricia estaba tramitando su cambio para otra institución. Todas las noches la iba a buscar al instituto. La noche de nuestra desgracia a la misma hora me dirigí a buscarla.

El hecho

Treinta metros antes de llegar a las puertas del instituto observé una aglomeración de gente, sentí un pálpito en mi corazón y eché a correr, cuando estaba llegando todos los estudiantes voltearon hacia mí. Al llegar vi a mi Patricia en un charco de sangre, pegué un grito y me arroje hacia ella. Un sinfín de brazos me agarraron y me sometieron, llegó la policía, la ambulancia. Dos días después le dimos cristiana sepultura, el dolor de nuestras familias era horrendo e inconsolable. Las pesquisas policiales, arrojaron que fue víctima de un robo frustrado por la resistencia que ella opuso y en consecuencia le dieron muerte.

En esta casa donde me encuentro pasamos nuestra luna de miel. No sé cuánto tiempo pasará para reponerme de mi irremediable pérdida. Sé que lo haré, no sé cuándo, pero por el momento no quiero pensar en ello. Tomo otro trago.


mancha1

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