el mar, monica

EL MAR

Sus ojos saltones azules, pestañeaban incesantemente, el pelo rubio rizado se aireaba con el viento. Mónica había visto muy pocas veces el mar, lo había visto a través de fotos o películas, sin embargo, esta vez ella estaba allí, encima de aquellas rocas que formaban un precioso acantilado.

Sonreía al ver aquello que se perdía a su vista, era tan grande, que se ponía de puntillas levantando su cabeza intentado ver donde acababa. El olor le era irreconocible, nunca lo había olido antes, era un olor fresco a la vez que fuerte, no olía como los peces, este era un olor mucho más agradable.

Mónica salió corriendo por aquel camino hecho entre las rocas, detrás de todo aquello se encontraba la playa, y más allá de la playa se encontraba de nuevo el mar, podría acercarse a tocarlo y saber como era.

Saltaba sobre la fina arena de la playa, le era una sensación muy distinta de la que estaba acostumbrada cuando pisaba descalza por el frió suelo de casa, llego hasta la orilla del mar y con cuidado deslizo su pie sobre el mar que salía llamándola y la invitaba a entrar.

Las olas eran como abrazos que la envolvían dentro de aquel pequeño mundo. El mar era cariñoso con ella, y la refugiaba entres sus aguas saladas.

Estaba frió, pero era una sensación relajante, lo volvió a intentar, y esta vez hundió su pie en la arena, le hacia cosquillas el mar, e introdujo el otro pie.

Ya estaba dentro, solo le faltaba saber como sabía, con su mano en las aguas del mar se lleno de gotas de agua salada, a quien Mónica le pego un lametón para probar como sabían. Su cara de desagrado se palpo rápidamente, del mar le había gustado todo, sin embargo, su sabor no le gustaba.

En fin, no todos somos perfectos acabo pensando Mónica, quién con la vista puesta al mar se despidió hasta un futuro próximo.

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