El 23 de agosto de 1812 ocurrió algo inédito en la historia de la República Argentina. Estábamos en los albores del proceso independentista. Los españoles avanzaban desde el Alto Perú sobre la ciudad de San Salvador de Jujuy, en la actual provincia de Jujuy. El general Manuel Belgrano, al frente, como siempre, con el mayor general Eustaquio Díaz Vélez en la retaguardia y en medio de ambos, con toda la población de la ciudad, organizó una epopeya nacional que se dio en llamar “Éxodo Jujeño”.

Belgrano estaba asentado en la Quebrada de Humahuaca desde principios de agosto. Había pedido refuerzos para detener el avance español, pero Buenos Aires no respondió. También había realistas en Montevideo, hoy capital del vecino país de Uruguay, mucho más cercano y urgente.

Sus 800 hombres venían derrotados de la batalla de Huaqui, maltrechos, heridos, desilusionados, desmoralizados totalmente y sin ganas de seguir, y lo que es peor, sin fe en el futuro por el que habían luchado hasta el fin de sus fuerzas.

La mismísima Bandera Nacional, había sido despreciada por el Primer Triunvirato que no la quiso enarbolar por temor a la resurrección política del rey Fernando VII, si se liberaba de la cárcel en la que estaba por decisión de su invasor Napoleón Bonaparte. No eran tiempos para enrostrar nada a nadie.

¿Cómo animar a ese pueblo frente al enemigo que acechaba? Hizo bendecir la bandera en la catedral, como implorando a Dios su protección.

El español Pío Tristán venía con 3000 hombres. Belgrano recibió la orden de retroceder hasta Córdoba y seguir esperando refuerzos porteños. Convocó a todos los ciudadanos de 16 a 35 años para formar una milicia, ni siquiera un ejército. Los demás, los llamaron “Los Patriotas Decididos”.

Les dijo:

-Llegó la época de manifestar nuestro heroísmo y de que vengan a reunirse con el ejército que está a mi mando, si como aseguran, quieren ser libres.

Todos hubieran querido, pero, ¿qué ejército?, o peor aún, ¿qué reunión? Era un simple rejunte de despojos y penas sin ilusiones.

-General, ¿qué es heroísmo? –Preguntó un chico que había dicho tener los 16 años que indicaba la convocatoria-.

-Es algo que Ud. y todos nosotros ya tenemos, pero lo debemos poner en práctica ahora mismo. Es por el bien de la patria, no por el nuestro. Tenemos que dejar la tierra como campo raso. El enemigo no puede encontrar nada para comer, nada para vestirse, nada para sentarse ni echarse a descansar, nada para llevarse, ni nada para tomar. Todo lo que no se pueda trasladar debe ser quemado. La mercadería que se pueda transportar, se lleva hasta donde puedan las carretas. Yo mismo seré el último en partir de la ciudad para garantizar que todo se haga bien.

-¿Y las cosechas? ¿Y las casas?

-Todo debe ser quemado.

-¿Vamos a perderlo todo, mi general?

-Todo no, soldado. Quedará el coraje, el patriotismo, la solidaridad, la decisión y la fuerza de voluntad. Ud. y todos, quedarán con su heroísmo por el bien de la patria.

Con la tristeza que no podemos imaginar, con el dolor de la pérdida irreparable, pero con el ejemplo de un líder que insistió hasta el final y nunca fue un general de escritorio, el pueblo marchó, dejando atrás un suelo muerto.

El ejemplo de su dignidad, el hablar con la verdad y mantenerse entero hasta el final, ennobleció al ejército que lo dio todo en las batallas de Tucumán y Salta y que permitieron a nuestros patriotas recuperar el territorio y expulsar al invasor.

Muchos soldados sin nombre y muchos milicianos sin fama, fueron héroes en los hechos porque hicieron lo mejor de nuestra historia con su ejemplo.

El Senado de la Nación Argentina declaró en conmemoración de la gesta del Éxodo Jujeño, cada 23 de Agosto, a la provincia de Jujuy como capital honorífica de la Nación Argentina.

Angel Magnífico

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