Manos Unidas intenta acabar con el hambre en el mundo mundial. Lleva años intentándolo y no cesa en su empeño. Estos días ha iniciado una nueva campaña publicitaria en los medios de comunicación para recaudar fondos. El negocio no se le acaba a esta exitosa ONG de la Iglesia Católica. Este año, también serán muchos los ciudadanos y ciudadanas que harán el correspondiente donativo.

Lo tiene fácil Manos Unidas para recaudar dinero porque la gente es muy solidaria con los hambrientos que le quedan lejanos. No lo es tanto, al menos en este país nuestro, con los pobres que le quedan más cerca. Es más fácil conseguir dinero para ayudar a los niños pobres del Tercer Mundo que para ayudar a los niños pobres del vecindario. El personal entiende que los pobres lejanos no son culpables de su situación económica. En cambio, los pobres de la ciudad o del país donde viven sí son culpables de sus neveras vacías. Será que no trabajan. Eso es lo que dicen los solidarios.

En todo caso, me parece bien que Manos Unidas intente acabar con el hambre en el mundo. Algo les llegará a los habitantes pobres de algún lugar del planeta. Algo también quedará en los bolsillos de la ONG porque no trabajan gratis. Tienen lo que ellos llaman gastos de administración y esas cosas que llenan los bolsillos de los menos pobres que dicen ayudar a los pobres mundiales.

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