Para explicar el titulo del presente articulo, tengo que empezar diciendo que corresponde a una película protagonizada por el popular actor de artes marciales Jean-Claude Van Damme.

Para quienes no la han visto, La película se desarrolla en un mundo destruido por una guerra nuclear, asolado por una mortal epidemia radiactiva, que extermina lenta pero inexorablemente, el residuo de la especie humana que sobrevivió al holocausto; dominado por una pequeña y degenerada pandilla de los más abominables, sangrientos y despiadados criminales, quienes persiguen, roban, violan, torturan y asesinan a los pocos sobrevivientes que esparcidos por la faz de la tierra compiten entre si para sobrevivir. Pero; en quienes más obstinadamente se encarnizan por eliminar, concentrando su persecución con un odio enfermizo; son en el puñado de personas que luchan por desarrollar una vacuna que salve a la humanidad de su total exterminio.

Cuando reflexiono sobre lo que esta pasando políticamente en Colombia, el mundo y en general en la sociedad en que vivimos, no puedo evitar comparar esta película con nuestra terrible realidad; ¿no es acaso una caricatura condensada, que refleja fielmente lo que realmente esta sucediendo a nuestro alrededor en estos precisos momentos?

Nadie, que presuma ser honesto: puede negar la terrible decadencia en que esta sumergida nuestra sociedad, en todos los ordenes. De la que son directamente culpables; todos nuestros mas solemnes lideres, nuestros más prestigiosos dirigentes políticos, la mas poderosa elite empresarial y religiosa; en fin los grandes auto proclamados representantes de la sociedad; porque hace mucho tiempo ellos vienen imponiendo a través de los masivos medios de comunicación una sutil, seductora, pero bien planificada campaña, para inyectar en nuestra conciencia, en nuestro comportamiento y en nuestras vidas; falsos, despampanantes, deslumbrantes, seductivos pero destructivos y decadentes valores espirituales, cuyo resultado ellos bien lo saben, no puede ser otro que, un mundo donde reine, el miedo, el dolor, el odio, la avaricia, la infamia, el crimen, el vandalismo, la miseria, la corrupción, la manipulación, la injusticia social: la muerte en vida.

El culto a la honestidad, al honor, la solidaridad, el respeto a los demás, la sinceridad, la justicia, la confianza, el amor a Dios y al prójimo, sutil y maquiavélicamente los están, exterminando de la faz de la tierra, para que los suplante el egoísmo, la hipocresía, la desconfianza, la ambición, la insolidaridad, el derroche, la extravagancia, la corrupción, el placer de humillar a los demás, y el peor de todos, la completa sumisión e idolatría al único dios al que los dueños del mundo rinden culto: El dios dinero.
A un ser humano ya no se valora por la grandeza de su espíritu, por lo que es, sino por lo que tiene, no importa que medios utilizo para adquirirlo. Se pule el cuerpo pero no el alma.

Y todas las personas que se niegan a aceptar estos valores; las que no se venden a sí mismos ni venden a los demás; las que sin egoísmo deponen su interés personal y no se dejan sobornar por la ambiciosa oferta que divide, discrimina y envilece, las que se resisten a vivir este decadente sistema de injusticia social, las que mas allá de la fantasías y el engaño que les pinta, proclaman sin cobardía que hay un mundo mejor, las que asumiendo todos los riesgos públicamente manifiestan que todo no esta perdido, que el reino de la oscuridad no es eterno, que por encima de las tinieblas siempre brillara la luz de la esperanza, que si todos nos unimos y comprometidos actuamos con decisión; podemos cambiar el curso de la historia y que el bien finalmente triunfara ante el mal, todos estos seres humanos, como en la película que comentamos; son ignorados, ridiculizados, perseguidos, torturados y finalmente eliminados por quienes dominan, por quienes detectan el poder obtenido por medio de la violencia, la mentira y la corrupción.

Pero, ¿porque los dueños del poder como en la película, no quieren que el mundo se salve? ¿Porque persiguen a los lideres y a las personas que quieren un mundo mejor?, ¿Porque no quieren que el mundo cambie?

Aunque usted no lo crea, la respuesta es sencilla: no quieren que el mundo se salve del desastre, no quieren que el mundo cambie, porque solo en este son poderosos, son los dueños del mundo. En un mundo diferente no son nadie, absolutamente nadie, en un mundo decente, no pueden vivir, en una sociedad, donde la única dictadura sea la del amor, se asfixian; en donde reine la verdad, el honor, la sinceridad, la confianza, la honradez, justicia y la solidaridad, simplemente desaparecen.
Por eso defienden por todos los medios: este injusto sistema de vida, es el único en donde pueden vivir cómodamente. Es el único donde pueden ser los amos absolutos.

Para poder seguir existiendo y dominando; estas elites crean las guerras, porque las guerras alimentan el odio, dividen las voluntades y esclavizan los pueblos. No importa que para ocultar el saqueo hábilmente mientan y las justifiquen con los viejos argumentos, de que fueron obligados a hacerlas, para imponer la fe, la paz, la libertad, la democracia, la civilización, el progreso, la ley y el orden, la justicia, los derechos humanos, para luchar contra el terrorismo, el narcotráfico, etc. Además, siempre; los más cobardes son ellos, nunca ponen los muertos. Incitan al odio para dividir, fanatizan, arman y dan la orden para que otros se maten por ellos, para reinar ellos.

En este mismo instante en todo el mundo, millones de humildes, anónimas e indefensas personas como usted y como yo; ante la herencia maldita de miseria, barbarie, dolor y exterminio que le estamos dejando a nuestros hijos; horrorizados se estarán preguntando ¿Qué puedo hacer yo?

En realidad amigo mío; no hay ninguna excusa para que se cruce de brazos ante los espeluznantes problemas que padece nuestra sociedad y como el avestruz, cómodamente pretendamos meter la cabeza en el hueco de la indiferencia para cederle a los demás, nuestra propia responsabilidad en a la solución de los problemas sociales.

¡Malditos los indiferente! ¡Porque la indiferencia no existe!
¿Acaso con nuestra supuesta neutralidad, no apoyamos al criminal y su barbarie?
¿Acaso nuestro valiente grito de alarma no es la oportuna ayuda que exige y salva a la inocente victima? y ¿Acaso nuestro cobarde silencio no es la impugne complicidad que protege al infame verdugo?
¡La indiferencia no existe!: somos parte de la solución o somos parte del problema. La indiferencia social: es un delito de lesa humanidad.

Usted y solo usted es el único medico para esta enfermedad. Solo usted tiene el remedio. Usted es el que decide y tiene que actuar ya, apoyar el cambio total es la única cura y no da esperar. Ya no es valida la excusa de que no sabía, que nadie se le dijo.

Así como él rió, sin importar el tiempo que demore o lo grande que sean los obstáculos que se le atraviesen en su recorrido, inexorablemente siempre encuentra el camino que lo conduce al mar.

Igualmente nosotros la inmensa mayoría de ciudadanos de bien que clamamos con desesperación por que las cosas cambien, los que nos ganamos la vida trabajando de sol a sol, los que siempre nos quejamos de la politiquería y la corrupción, nosotros las victimas de la injusticia, el desempleo, los altos costos de los servicios públicos, la inseguridad y la violencia. Nosotros los que sabemos que la culpable de todas estas calamidades que azota a nuestra región, Colombia y el mundo, es esa vieja pero siempre joven y maquillada elite económica, política y religiosa que hace muchos años nos gobiernan. A nosotros; los que como el rió, que hemos esperado pacientemente acumulando fuerza y perseverado para superar las dificultades que nos impiden el cambio; no nos esta permitido perder la fe y dejar de luchar nunca, porque cada día de nuestras vidas debemos convertirlos en una gran oportunidad para luchar por ese cambio; nosotros no tenemos derecho a equivocarnos mas, porque para nosotros no existe el perdón.

Todos los que luchamos para construir el cielo para que todos los humildes lo disfruten ya y en este mundo; estamos en el deber de levantar las rodillas, unirnos y ser los mas encarnizados apósteles de una revolucionaria religión social, cuyo primer mudamiento grite: ¡Malditos los indiferente! ¡Porque la indiferencia no existe!



FRANCISCO HERRERA RINCON

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