recordando

Una mala noche y recuerdos

Salí temprano esta mañana de casa. La razón no es una, son varias, había pasado una noche con un sueño intranquilo, sentía calor, desasosiego, resumiendo; una mala noche. Esto me llevó a pensar en algo que leí hace algunos años en no sé cual libro, la cuestión es que el autor del mismo proponía u opinaba que; cuando a uno (a) le tocaba vivir una noche de estas, lo mejor era dominar esa ansiedad que se siente al no lograr el sueño y, aprovecharla más bien para hacerle un repaso a nuestros recuerdos que; según este autor nos permitiría sacar algo de provecho de los mismos.

Con los ojos muy abiertos y los sentidos bien aguzados comencé a examinar mi vida desde esta perspectiva de hoy en el momento que me encuentro, además sobre la presunción de que nuestra experiencia es mayor hoy día, y por esto más capaces de analizar las cosas con una óptica más precisa. Se me atropellan los recuerdos, donde cada uno de ellos quiere tomar protagonismo por esto de los pensamientos automáticos que la mente nos provee espontáneamente.

Divago un poco entre unos y otros, “mirándolos” como un cirujano diseccionando un cerebro humano, tomando con “pinzas” tejido y nervios con precisión o mejor dicho queriendo ser preciso hasta donde más se pueda.

Repaso las primeras travesuras infantiles donde me encuentro con pasajes hermosos, anécdotas de las cosas que solo le pasan a los niños, tal como esta -cuando cogí a mi hermano más pequeño de la cuna y lo metí debajo de la cama- se podrán imaginar la angustia de mi madre por este episodio –tragi-cómico- hasta encontrar a mi hermanito debajo de la cama o como esta otra; -cuando a una tía mía la estaba parteando una comadrona en la habitación de mi madre y yo; entré en la misma intempestivamente cuando estaban en plena faena de parto. Mi impresión fue mayúscula y la de ellas que ni les cuento-

soñando

El primer amor

Ya en la escuela mi primer amor. Esa fue mi maestra de tercer grado, creo que a todos nos ha pasado lo mismo o casi, luego suplí a mi maestra por mi catequista y así sucesivamente fui cambiando de amores hasta llegar a la edad púber, esta es la época donde los amores se hacen más sentimentales. Nuestras primeras lágrimas por una persona del sexo opuesto se han producido generalmente a todos, en esta edad (12-15 años). Yo; aún no me explico cual es la prisa de los jóvenes de ser mayores, en el fondo creo que por hacer lo que hacen los adultos, ellos imaginan cándidamente, que cuando se es adulto se puede hacer lo lícito y lo ilícito sin restricciones.

Si ellos supieran las consecuencias de llegar a la adultez con lo que esto conlleva; seriedad, responsabilidades, con los demás y con uno mismo, los padres, los hijos, la profesión, el trabajo en general. Retardarían más bien este paso de vida, gozando bastante más de la niñez y la juventud que; de paso es lo más corto que vivimos en el tiempo que alcancemos de vida.

Como dije arriba salí temprano de casa. Me he regodeado de todos los episodios que he disfrutado, sufrido, amado, odiados y muchos por los cuales guardo un resentimiento sincero y un sinfín de ellos que atesoro dentro mi y que los guardo como mi tesoro más preciado, en ese claustro de mi corazón donde ellos reposan, solo tiene cabida mi Dios y mi intimidad, estando vedados al resto del mundo.

Voy caminando lentamente con ojos curiosos, escrutadores, observando a la gente, las cosas, situaciones, el colorido de la ciudad, oyendo con atención el diálogo de la gente, los comentarios, risas, las palabrotas salpicadas de gracia; algunas, otras que hacen enrojecer a las muchachas y señoras por lo subidas de tono o de “color”.

mala noche

Llego a la plaza principal de la ciudad por donde transita una multitud abigarrada en colores, tamaños, personalidades, y cada quien con su “son” particular, alegría, alborozo, el ambiente que se respira en cualquier plaza del mundo. Me siento en una banqueta a observar el paso de la gente, los estudiantes los más alborotadores y dicharacheros, con sus risas le dan contenido de fiesta a la cotidianidad que se hace soportable y contagiosa.

Que hermosas muchachas, que mujeres tan lindas, son como un ramillete multiforme de flores, colores, risas cantarinas, se respira juventud y frescura en las más jóvenes y tranquilidad y sosiego en las de más edad. Hoy para mí, no existe la fealdad, lo inarmónico ni aún la maldad, solo está vivo ese calor humano, que por los avatares de la vida dejamos de percibir, hoy me siento reconciliado con la humanidad, con la vida y mi Dios que hoy como ayer está más vivo que nunca. Desde mi humilde opinión. La noche de anoche me ha sido muy estimulante. ¿Por qué no prueban?

mancha1

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