La Magia de la Navidad.

La Navidad es una época muy especial para muchos. Es época de fantasía y sueños. Algo que en parte les debemos a nuestros padres pues ya de grandes son gastos, regalos y compromisos que le dan un toque agridulce a una temporada en que debía ser todo alegría y felicidad. Ya sean los Reyes Magos o Santa Claus, de acuerdo al rincón donde vivas, los niños esperan sus personajes ansiosos por la sorpresa más que por el regalo en sí, que en ocasiones abandonan en un rincón pasada la primera emoción.

Hay muchos detractores de esta práctica, que si los niños no pueden ser engañados, que si hay que decirles siempre la verdad y hay quienes, muy atrevidos, hasta le dicen o insinúan al hijo ajeno que sus creencias son falsas. Hace poco leí una carta que le escribía un padre a un hijo adolescente después de darle regalos por muchos años en nombre de Santa Claus. En esa carta le explicaba que no le había mentido que solo le había educado en tener fe y fantasía y que esa práctica durante años en que lo elfos le iban dejando pequeñas pistas, chocolates o caramelos hasta el gran regalo navideño que traía Santa, lo ayudaba a aprender a creer en algo que no se puede ni ver ni tocar, una capacidad que se necesita a través de la vida.

Los niños son niños, no adultos, y necesitan de la magia y la fantasía tanto como del alimento y el sueño. Si no la tienen van a llenar ese vacío con situaciones de adulto que no son apropiadas para pequeños. Démosles los instrumentos para una vida plena, para poder creer. Dejémosles disfrutar como niños la Magia de la Navidad.

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