Madurez: Ya llegó

Qué dífícil se hace llegar a la madurez. No me refiero al hacerse adulto, sino a lo que significa que los hijos se aljen de los padres y se independicen.

Siempre enganchados a las faldas, al abrigo de las alas y a la dependencia, los padres nos acostumbramos durante muchos años a que nuestros hijos dependan de nosotros, y en cierta medida, controlemos y dirijamos sus vidas. Es cierto que dependiendo de cómo sea nuestro control y dirección, es decir, de cómo sea el modo en que eduquemos a nuestros hijos, así será un alto porcentaje del resultado de su personalidad.

Que si valores morales... ¿Cuáles? En principio los que crees que son los mejores. Que si errores... ¿Cuáles? Pues siempre en función de la capacidad que tengas de reconocerlos y de pedir perdón cuando te equivcas. Tantos años enseñando valores y cometiendo errores y, de repente, se rompe el lazo, se corta la trama y nuestros hijos se marchan de casa.

Ésta es la verdadera MADUREZ del hombre y de la mujer: cuando como pareja te quedas sólo, uno frente a otro. Porque en ese momento, y dependiendo de cómo hayas fortalecido la familia y el matrimonio; de como haya sido la labor de padres y de cómo hayas educado a tus hijos, te puedes encontrar a tu compañero o compañera, el amor de la juventud, frente a frente, siguiendo como compañero, o te encuentras ante un extraño al que no conoces de nada.

Toda tu vida volcada en tus hijos; todo para ellos y nada para tu conyuge... ¡Qué gran error! La escala de valores ha sido la equivocada, aunque yo, por suerte he puesto siempre en primer lugar a mi mujer y viceversa, no quiere decir que hemos dejado desatendidos a nuestros hijos, sino que les hemos enseñado dónde reside el verdadero núcleo de una familia, que no es otro lugar que en la propia pareja.

Ahora miro a mi mujer y veo que me quedo solo con ella. Mis tres hijos se marchan y la casa se queda vacía. Siento un desgarro, una rotura en el alma que se hace difícil de sobrellevar, pero tengo a quién agarrarme, a quién asirme y con quién consolarme... Creo que acerté en mi eñección.

Después de los hijos vendrán los nietos (aunque esto nunca se sabe), pero ya quedaremos solos para iniciar la madurez del matrimonio. Si lo has conseguido y lo has hecho bien, te espera un esperanzador futuro, pues es como recuperar el noviazgo -con más años, sí-, pero a fin de cuentas es un volver a intimar a re-enamorarse.

No se pierde todo con la madurez de la pareja; al revés; es un nuevo comienzo, casi un amor a estrenar; porque ahora a quien está dedicado todo tu tiempo es a la que cuando era tu novia, no podías dejar de hablar con ella al teléfono... ¡Que vuelvan los mimos! ¡Que vuelvan la ñoñadas y las tonterías!

Es duro que tus hijos se vayan, pero también es bueno empezar de nuevo.

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