paisaje sobre madurez


Dar a las cosas la importancia que tienen

Nuestra sociedad presenta a veces la madurez como si fuese una cierta inmunidad de toda tentación o maldad, como si lo bueno y lo malo fuesen cosas de niños. Los adultos suelen creer que ya están «más allá del bien y del mal» (para usar una expresión de Nietzsche). Basta pensar en los carteles colocados en las salas de cine o en los periódicos que anuncian películas pornográficas: «Sólo para personas maduras» (como si la preocupación por la moral fuese sólo un asunto de niños).

Madurez no significa posesión de todas las respuestas. Nada más lejos de la realidad. Sócrates afirmó que el hombre sabio es aquél que reconoce su propia ignorancia. Mientras más madura es una persona, reconoce con mayor humildad sus límites. «La humildad, como decía santa Teresa de Ávila, es la verdad». Ni más ni menos. Y la verdad es que todos podemos equivocarnos. La persona madura reconoce sus debilidades y no se precipita en sus juicios, estudia, consulta y decide con prudencia. Algunos, equivocadamente, creen que la madurez consiste en una seriedad impasible y en una perpetua rigidez, como si el reír, el gozar de las cosas sencillas y el saber relativizar los problemas fuesen signos de inmadurez.

"Tenemos muchos obstáculos que nos pueden inducir al error: la precipitación, las presuposiciones, el juicio de intenciones, las proyecciones personales, el mal humor, las falsas apariencias, los prejuicios, las descalificaciones generales, la prepotencia personal. Sólo una prudencia exquisita puede eludir estos múltiples inconvenientes que se interponen entre nosotros y los demás. Y es precisamente esta prudencia la que nos induce a la autocrítica, que yo calificaría de desconfianza inteligente sobre la propia conducta.”

No siempre la edad viene acompañada de madurez porque muchos más de los que creemos siguen siendo sólo niños toda su vida. Hacerse cargo de uno mismo, esa gran aventura que empieza en la adolescencia y termina con la muerte, es una cuestión que cuesta aceptar hasta que nos damos cuenta que siempre estamos solos en los momentos cruciales de nuestras existencias. La madurez no es solo una etapa cronológica de la vida sino un estado mental, una actitud y la personalidad es como un abanico que se despliega y no necesariamente madura en forma integral. La falta de aceptación del esquema corporal impide el paso al mundo adulto y todos sabemos los esfuerzos y sacrificios que hace la gente para parecerse a los ídolos del momento cualquiera sea su edad.

La coherencia interna es un elemento clave para definir a una persona madura, ya que pensar, decir y hacer lo mismo sin contradicciones eventuales y con convicción son condiciones que no pueden estar ausentes en ella. Esa coincidencia entre el adentro y el afuera le permite protagonizar la vida sin apuntador sin necesidad de definirse nunca, porque una persona madura cambia y sólo se la puede definir en una lápida. Y es también la que se responsabiliza y se compromete, respetando sus tendencias y teniendo en cuenta su medio y sus semejantes cuando se decide a tomar una decisión para insertarse en la sociedad.

La madurez es el arte de vivir en paz con lo que es imposible cambiar. Somos personas maduras cuando el guardar un secrecto nos causa mayor satisfacción que divulgarlo. Hemos llegado a la edad madura cuando, teniendo para escoger entre dos tentaciones, elegimos la que nos permite llegar a casa más temprano. Madurez es la habilidad de realizar un trabajo aunque no tengamos supervisores, llevar dinero en el bolsillo sin gastarlo y soportar una injusticia sin desear la venganza.

La persona madura no se siente en deuda con nadie, ni piensa que nadie le debe nada a él. Está cómoda con el espacio que los demás le han reservado, con los límites que los demás le imponen y que ella impone a los demás. El ser maduro se siente libre y satisfecho de sus actos. No le importa romper las reglas que otros han intentado imponerle como únicamente válidas. Sabe transgredir todo aquello que piensa que no es justo o lícito. Actúa libremente aceptando libremente los límites lógicos de su libertad: la de los demás. La persona madura valora su integridad pero no trata de imponerla a los demás.

Rechaza las quejas inútiles o los lloriqueos porque sabe que no le aportan nada, que es una pérdida de tiempo y de energía. Sabe afrontar cualquier problema con serenidad, porque sabe que el verdadero poder está únicamente en su mano. No intenta poner excusas fáciles que le permitan escabullirse de sus responsabilidades. No espera la ayuda de los demás, aunque si esta se produce sabe reconocerla y agradecerla. Puede aceptar valorar cualquier pensamiento que se le presente. Cualquier actividad o percepción de esta vida  flexible, mutable, adaptable. No es rígido ni inflexible ni con los demás ni consigo mismo. Está abierto a nuevas experiencias, a nuevas opiniones y todas son igualmente respetables por él, aunque unas las comparta y otras no.

El ser maduro también vive con benevolencia sus propios errores. Se permite un margen para no ser perfecto, para equivocarse, para rectificar. Sabe que no es perfecto ni competente en todos los campos. Admite sus equivocaciones sin que esto le cause dolor. debe estar dispuesto al cambio, en el amplio sentido de la palabra. La realidad es cambiante y todo, incluidas las circunstancias personales de cada uno, son susceptibles de ser cambiadas, ama la vida, ama a los demás y, como no, también sabe amarse a sí mismo .La madurez no es invulnerabilidad. 

La verdad, por supuesto, es todo lo contrario. Un adulto es maduro precisamente porque no necesita que nadie le diga que debe obrar el bien y evitar el mal. Actúa según sus convicciones personales y su recta conciencia. Una persona madura reconoce sus debilidades. Evita las ocasiones que pueden conducirlo al mal y busca las oportunidades para hacer el bien. Como diría Alexander Pope: «Los necios corren allí donde los ángeles no se atreven ni a pisar». Pensar que la madurez es invulnerabilidad equivale a decir que una persona no puede hacerse daño con una sierra eléctrica simplemente porque es madura.

"La madurez no se refleja en el tomar decisiones acertadas, sino en vivir con las ya tomadas aun y cuando no sean acertadas".

Resumen del libro "Madurez Humana". De: (Morelia, Michoacán, México)

Enlaces: Enciende tu luz

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