Todos los que poblamos este mundo nos sentimos forma parte de él, nos sentimos ir contracorriente o con la misma corriente, siguiendo un sendero u otro, hasta que el camino se nos termine. Pero pocos pensamos cómo entramos o llegamos a esta aventura, que para muchos se ha convertido en rutina o algo tan normal que no merece recapacitarlo.

No aparecimos de la nada, no llegó un momento en el que ya estábamos aquí. Quisiera decir que nos trajo nuestras madres, pero sería, a mi entender, simplificar demasiado las cosas. Fue un acto de amor, un sacrificio propio, un acto de fe; quizás el más grande que alguien pueda hacernos en la vida. Nuestra madre en el amor cogió un trocito de su vida para que esa parte suya se independizara y fuese una nueva vida. Traer una vida es algo maravilloso y especial, pero a la vez una madre sabe que implicará tristezas, dolores, penas, desilusiones. Pero, sin embargo, desde el mismo instante en que nos enseña el mundo que nos abre a nuestros ojos ella tiene fe en nosotros, confía en nosotros, cree en nosotros.

Una madre da 8 días a la semana por nosotros, no 7, ella da mucho más allá de sus límites, de sus fuerzas y saca tiempo de donde haga falta por nosotros, para darnos lo mejor y su amor incondicional.

Su vida somos nosotros, hacen suyas nuestras penas. Una madre que ve a sus hijos/as llorar para ella son heridas lacerantes en su corazón maternal. Vernos pasarlo mal y no poder hacer nada para evitarlo es superior a sus fuerzas, sería capaz de dar su vida por tal de que estemos mejor.

Una madre no se puede decir únicamente que nos da la vida en el primer momento, cuando nos trae a este mundo. Una madre nos da la vida todos los días, a cada momento, su vida somos nosotros, nuestra felicidad es la suya, nuestra tristeza es su pena. Una madre vive por nosotros, es nuestro ángel guardián y la que siempre reza por nosotros por muy oscuros que sean los momentos. Cuando más oscuro sea todo más fuerzas saca ella para sacarnos y hacernos ver la luz, rodearnos con su amor siempre sin límites, deseando lo mejor para nosotros.

Puede que una madre esté gravemente enferma, que tenga sus problemas, tenga sus cosas; pero ante la tristeza de un hijo no puede permanecer impasible. Si fuera por ella nos daría su vida sin pensárselo dos veces para que estuviéramos mejor. No se lo piensa, es lo que siente, y lo que siente somos nosotros, a sus hijos/as que es lo más importante del mundo y los quiere ver siempre felices. A tal punto llega su amor que llegan a decir que no desean abandonar este mundo hasta que nos vean con futuro y felices, que quieren darnos la vida para que consigamos la meta de nuestra felicidad.

Podré decir a diario gracias, pero lo que hace una madre por nosotros por mucho que lo agradezcamos sería poco en comparación con el amor y la parte de su vida que nos da a cada instante. Una madre está a nuestro lado sea la hora que sea, sin importar si es de madrugada; está siempre apoyándonos y creyendo en nosotros aunque hayamos cometidos errores animándonos a mejorar y superarnos. No sólo es que nos de la vida una madre, sino que nos da la misma esencia de lo que ella es, su propio ser nos lo da sin pedir nada para ella a cambio. Nos da su pasado, su presente y su futuro. Nos da todo lo que tiene y tendrá.

GRACIAS MAMÁ TE QUIERO.

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