Pearl S. Buck conocia de primera mano la cultura china, ya que vivio mucho tiempo en este país antes de la revolución de Mao. En la MADRE nos hace un retrato de las madres tradicionales chinas en el medio rural.

En la cocina de una vieja granja, se encuentran dos generaciones de madres, la primera, la mas vieja, que ahora enferma y mayor, no puede hacer mucho trabajo, y la joven, esposa de su hijo, que la anima diciendo que su colaboración es necesaria para la buena marcha de la granja, ya que ella se ocupa de los hijos del matrimonio, puesto que este tiene que trabajar para sacar a la familia adelante.


La cara de la madre joven no era bella, sino ancha y fuerte de mirada limpia, una mujer apasionada y buena con su esposo la vieja madre de este y sus dos hijos.

Era una mujer que podía sentirse orgullosa de su fuerza, ya que aún estado embarazada de 8 meses, seguia trabajando la tierra para ayudar a su marido, del mismo y de sus hijos que crecian bien y llenos de salud, aunque su hija tenia un problema con sus ojos que se irritaban con el fuego de hierba que utilizaba para cocinar.


Todos los días eran iguales para la madre, por la mañana se levantaba antes de amanecer, y mientras los demás dormian ella se ocupaba de los animales de la granja, calentaba el agua para el hombre y su madre, y dejaba enfriar un poco para lavar los ojos a su hija.


Todos los días eran iguales pero ella no los consideraban aburridos, estaba muy satisfecha de como transcurrian. Pero la verdad es que aquella mujer sabia vivir con su hombre y sus hijos sin pensar en nada más. Para ella conocer la plenitud de la frecuente pasión del hombre, concebir por él y saber que la vida crecia en su propio cuerpo, y dar a luz y sentir los labios de un hijo bebiendo de su pecho, era bastante. Era una mujer feliz en su sencilla vida campesina

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