mi mamá

A una madre como ninguna

Hablar de mi madre es hablar de un TODO. De todas las madres del mundo.

Todo pasaba por ELLA y todo permanecía. TODO. Mi MADRE.

Su juventud fué humilde en un pueblecito del interior de Galicia lejos del estruendo de las ciudades. Yendo con el ganado al campo, o a buscar el agua de la fuente, ayudando en las tareas agrícolas y de la casa, sus días de colegio...

La veo feliz en esas fotos del álbum. Siempre sonriente. Como ella era. La veo desde esa mi prismática mirada de niño que no me ha abandonado jamás. La sigo viendo en cada rincón. En cada lugar o momento.

A veces, a lo lejos, una silueta que parece la suya me susurra cerca y hace que mi corazón se revele.

 

 

maternidad

Emigró al lado de mi padre, a Alemania como tantas generaciones de su época, a buscarse el pan y allí pasó unos años muy felices como todos los de su vida. Tal fué la impresión del cambio, que siempre exclamaba: 'cuántas cosas!', cuando pasaba por delante de aquellos escaparates alemanes de los 70, en comparación a lo que ofrecían nuestros escaparates patrios. Y yo también digo: Cuantas cosas! Cuántas cosas nos has dado!

Crió a sus cinco hijos como nadie. Porque nadie lo habría hecho mejor...

Nos arropaba, nos rodeaba con su mirada, nos mimaba con su gesto...

En ella se reunían todas las virtudes de una madre: sabiduría, bondad, generosidad... Amor... TODO. Y es difícil explicar cuánto y cómo influyó en nuestras vidas porque derivaría en una imparable sucesión de manifestaciones geniales.

Mamá. Ahora estás siempre aquí, a nuestro lado, en cada inspiración, en cada pensamiento... en cada acción.

Felicidades Mamá en tu día que es hoy y en todos los días que este día alcanza!

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