Mad Max: Camino de furia

Mad Max: Furia en el Camino

 

Después de estar dando vuelta en la mente del escritor y director George Miller por más de una década, la cuarta entrega de la saga Mad Max, Mad Max: Furia en el Camino (Mad Max: Fury Road) por fin vio la luz y bien valió la pena la espera.

Mad Max: Furia en el Camino, que es más un reinicio de la franquicia que una secuela, resulta ser una obra maestra en su estética y una cinta de increíble acción, que dan como resultado dos horas de pura anarquía

Mad Max: Camino de furia

Mad Max: Furia en el Camino abre con un breve monólogo de Max Rockatansky (Tom Hardy) que prepara el escenario donde la historia tiene lugar (un planeta Tierra devastado por la guerra nuclear, donde las facciones en guerra que quedan se aniquilan mutuamente en su búsqueda de combustibles fósiles.

En Mad Max: Furia en el Camino Max es capturado rápidamente por los Niños de la Guerra, los trastornados, discípulos albinos del déspota rey Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), y llevado a su base, la Ciudadela. Él es considerado un "donante universal" y es conectado a una vía intravenosa para bombear su preciosa sangre en el cuerpo de un Niño de la Guerra enfermo llamado Nux (Nicholas Hoult).

Mientras tanto, en Mad Max: Furia en el Camino, la estoica Emperadora Furiosa (Charlize Theron) se prepara para una peligrosa misión hacia el cercano Gas Town para obtener combustible y alimentos para su facción.

Furiosa ha pasado en secreto cinco jóvenes novias de Joe a su plataforma y planea dejar la facción para siempre, pero cuando el señor de la guerra se entera del plan, lanza un ataque sin cuartel para recuperar sus esposas y recapturar a Furiosa. El niño enfermo (Nux) cree estar apto para la batalla, y ata a Max a la parte delantera de su máquina de guerra para que le siga suministrando un flujo constante de sangre. Así comienza el descenso hacia la locura que nos ofrece Mad Max: Furia en el Camino.

Mad Max: Camino de furia

Aunque la trama de redención y supervivencia no le agregan nada nuevo, la estilización de Mad Max: Furia en el Camino es simplemente asombrosa. La coreografía de las persecuciones con vehículos está perfectamente sincronizada y no cansa. Los espectadores podrán contar con una mano las escenas en que se utilizan efectos especiales, ya que las escenas peligrosas fueron realizadas en su mayoría por dobles de riesgo, lo que es toda una hazaña dada la dependencia excesiva del cine moderno de la animación por computadora.

Cada elemento de Mad Max: Furia en el Camino encaja perfectamente con el entorno gracias al director de fotografía John Seale, y cada matiz sumerge al espectador en el paisaje infernal de George Miller. Las deformidades son la norma en este mundo post-nuclear, sin embargo, Miller no explota estas rarezas; en cambio, las usa para proporcionar un contexto de desesperación y desesperanza.

En resumen, Mad Max: Furia en el Camino es un magnífico ataque a los sentidos, que sin duda será ubicada entre los clásicos de acción. El rugido de los steampunk (máquinas de guerra), los enardecidos tambores de batalla y el guitarrista de metal, y las increíbles escenas de persecución, dejarán sin aliento aún al espectador más exigente.

Mad Max: Camino de furia

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