Lo macabro de la literatura infantil

Se ha puesto usted a pensar en cuan macabros fueron los cuentos con los que usted fue arrullado cuando niño, y no le estoy hablando acerca del famoso “coco” que vendría a llevárselo en un saco si usted se comportaba de manera inadecuada o dejaba comida en su plato, que por cierto hoy se consideraría tortura psicológica, me refiero a la literatura infantil propiamente dicha. Si han pasado muchos años y no lo recuerda, a continuación se lo ilustro.

En casi todas las historias de hadas el personaje negativo es una bruja mala y vengativa que por diversos motivos trata de asesinar o dañar de forma muy grave al personaje principal. La madrastra de Cenicienta no solo la esclaviza a trabajos forzados sino que la obliga a vestirse con harapos y le prohíbe salir de su casa. La de Blanca Nieves la manda a matar y sacarle el corazón, luego trata de envenenarla entre otros muchos maleficios. Y qué decir de Hansel y Gretel donde los niños son encerrados en una jaula para alimentarlos y que engorden y luego ser devorados por la bruja. En fin, que estas tramas no tienen nada que envidiarle al peor filme de horror que usted haya visto de adulto y si lo piensa bien es de asombrarse que creciéramos como personas comunes y corrientes, sin grandes traumas por esta causa.

Todo el terror de las historias para niños tiene su razón de ser, y es que muchos son cuentos folclóricos, originalmente mucho más sangrientos y violentos que tenían como fin preparar a los pequeños para una vida llena de horrores y peligros reales en la época medieval. A mí en lo personal me toco crecer con cuentos folclóricos rusos, literatura que desde mi punto de vista es muy buena a diferencia de sus filmes. Mis libros preferidos estaban colmados de criaturas malvadas y las peores historias que usted puede imaginar. Confieso que me provocaron no pocas pesadillas.

Aunque seguimos leyendo a nuestros hijos estos cuentos clásicos, hoy los libros son más suaves, menos violentos y a veces, hasta más tontos. Incluso las historias de siempre han devenido en versiones no tan terroríficas. ¿Es que acaso ya no hay peligros en el mundo moderno? No lo creo, la infancia sigue estando plagada de riesgos y diría que hoy más sutiles, mucho menos evidentes. Por doquier usted escucha de pedófilos, asesinos o psicópatas y la ingenuidad INFANTIL es terreno fértil para estas alimañas. Debemos preparar a los pequeños para la vida, mostrarles que no solo existe el bien, que también hay maldad en la humanidad y estas historias son la mejor manera de hacerlo. Así que no dude en leerle a los niños El flautista de Hammelin, El libro de la Selva o Caperucita Roja aunque sus historias le parezcan un poco duras, sus enseñanzas le proporcionaran instrumentos para defenderse en el futuro si tratan de ser engañados.

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