La luz de un hada hermosa

LA LUZ DE UN HADA.

La luz de un hada brillaba en un tiempo olvidado por los hombres y que sólo a los niños les es permitido intuir, haciéndose patente en su instintivo rechazo a la hipocresía.

En esa lejana dimensión, un hada soñaba mirando las estrellas que alimentaban su corazón inspirado por la belleza a plasmar en la obra co-creadora de todos los días. Era un mundo en que la vida y sus misterios, se revelaban sin temor ante la inocencia agradecida; pero un día el rostro de la polaridad envidiosa irrumpió para retar la preciosa armonía edificada en las raíces del amor – que inspirado--, se desborda generoso y de la mera contemplación, comienza a admirar, camina en el ensueño y humilde rinde tributo a la fuente en que se funde abstraído para Ser, en la manifestación.

Para la luz de un hada y su espíritu puro, el rostro de la traición resultaba desconocido. Por eso el hada se encontró indefensa ante la mantícora de dulces palabras, de rostro apacible y corazón perverso; hinchado de perfidia deseosa de satisfacer un ego asesino que le taladra la conciencia, le crea desolación y vacío que llena con la sangre de los que emanan luz y fuego en un corazón pequeño, capaz de albergar una galaxia, mientras ella posee un gran músculo vacío, impelido a engullir una belleza que es su eterna fugitiva, pues no fue creada para los que actúan con dolo…

Cuando el hada se percató de la intención verdadera, era muy tarde, pues su sangre corría en las garras del desterrado y fue tanta su congoja, que ya no pudo llorar.

Con una sonrisa irónica y la rabia que devora a los perversos, la mantícora regresó a su árida tierra; pero llevaba impregnado en la piel un fino destello de luz, desprendida del pequeño gran árbol.

Entonces los feroces arqueros abandonaron la belleza de su mundo para encontrar al hipócrita que dejó un indicio de aridez a germinar en su tierra, hasta que la perfidia fuera transmutada y llegaron a un sitio en el que asumieron rasgos humanos; pero en su corazón aún llevan un caballo.

El hombre debe encontrar a la mantícora con la razón orientada por el instinto del equino y contrarrestar sus falacias con el dardo ardiente de la verdad, ese fuego; sin embargo, la maldad lleva prendida en el lomo la luz de un hada que inspira corazones limpios en la resquebrajada tierra.

Cuando la mantícora  conozca su voracidad hasta claudicar en su intento por saciarla y el destello retorne a la dimensión original, habrá dejado la semilla del bien, en una nueva, celeste tierra transmutada… El hada era sabia y se entregó para llevar su luz al desierto oscuro; unir los dos reinos a pesar de hundir el suyo en una oscuridad temporal, asumida por quienes confían, son leales y creen.

Desde entonces, se percibe un delicado perfume en las noches estrelladas, inspiradoras de versos y en medio de la batalla, los poetas crean, pues por ahí pasó la mantícora; pero dejó luces de hada… Eso dicen los niños con corazón de centauro.

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