Luchar

LUCHAR O RENDIRSE

La vida presenta diversas oportunidades así como situaciones difíciles de superar. Parece que se nos está poniendo a prueba para ver cómo reaccionamos y medir nuestras fuerzas mediante la respuesta que le damos en cada momento. Luchamos, si tenemos una ACTITUD POSITIVA o nos rendimos, si tenemos una ACTITUD NEGATIVA. De nuestra actitud depende el resultado de las situaciones y el rumbo que toma nuestra vida.

Rendirse es muy fácil. Lo que no es fácil es vivir con esa decisión tomada, puesto que el que se rinde está predestinado a vivir el fracaso, una vida sin sentido y sin éxitos. El rumbo que toma este camino de la vida es de fracasos y tristeza.

Sin embargo, como dice el refrán, Dios aprieta pero no ahorca. Por eso, luchar puede parecer el camino difícil, pero ofrece una satisfacción y realización de la persona que toma la decisión de luchar, ya que lleva no solamente a salir de cualquier situación – incluso de las difíciles -, sino que conduce al éxito, una vida productiva y provechosa. Todo es cuestión de ACTITUD.

Luchar

¿Te imaginas si Jesús se hubiese rendido?

Todos sabemos quién era Jesús y cuál fue su PROPÓSITO aquí en la Tierra. Sí, la vida de Jesús tuvo un propósito: cumplir las profecías escritas sobre él y redimir los pecados de la humanidad. Evidentemente, nosotros no tenemos el mismo propósito que tuvo Jesús ni somos igual a él. Sin embargo, nuestra vida sí tiene uno y nosotros podemos decidir e influir sobre él y sobre nuestra vida; además, contamos con la ayuda divina mediante la oración y la fe.

Jesús tenía un gran enemigo quien intentaba derrumbarle y lo tentaba en varias ocasiones. Si repasamos esta parte de la historia, solo hace falta recurrir al capítulo cuatro del evangelio de Mateo, versículos uno al once. En este texto se narra lo que sucedió justo después de ser bautizado en el río por su primo Juan y podemos leer lo siguiente:

Entonces Jesús fue conducido por el espíritu al desierto para ser tentado por el Diablo. Después que hubo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces sintió hambre. También el Tentador vino y le dijo: “Si eres hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes”. Pero en respuesta él dijo: “Está escrito: “No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová”. Entonces el Diablo lo llevó consigo a la ciudad santa, y lo apostó sobre el almenaje del templo y le dijo: “Si eres hijo de Dios, arrójate abajo; porque está escrito: A sus ángeles dará encargo acerca de ti, y te llevarán en sus manos, para que nunca des con tu pie contra una piedra”. Jesús le dijo: “Otra vez está escrito: no debes poner a prueba a Jehová tu Dios”. De nuevo el Diablo lo llevó consigo a una montaña excepcionalmente alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: “Todas estas cosas te las daré si caes y me rindes un acto de adoración”. Entonces Jesús le dijo: “¡Vete, Satanás! Porque está escrito: Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado”. Entonces, el Diablo lo dejó y, mire, vinieron ángeles y se pusieron a ministrarle.

Esta breve descripción nos enseña varias cosas importantes:

  • La tentación está a la orden del día (aunque no sea literalmente Satanás hablándonos y ofreciéndonos de forma directa las diversas tentaciones). Es muy fácil sucumbir a ellas. Pero, si disponemos de cierta educación y actuamos con conocimiento, no tenemos por qué caer en la tentación.
  • Jesús actuó con conocimiento de causa y demostró a Satanás, quien utilizaba el conocimiento a su antojo, que su manera de interpretación no era la correcta. Jesús tuvo el valor de responder con conocimiento porque sabía que su opositor se aprovechó de la verdad para tentar a Jesús y así desviarle de su propósito verdadero.
  • Jesús demostró estar preparado, fuerte, con una voluntad firme y consciente de cuál era su tarea. Sabía que no estaba sólo, sino que contaba con ayuda.

No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová”.

Aunque es cierto que necesitamos comer y es una de las necesidades básicas, hay otras cosas que son igualmente importantes, y son el conocimiento y la verdad.

Jesús podía haber caído en la tentación, sí, hubiese sido muy fácil para él convertir las piedras en pan y comer de forma inmediata. No obstante, ¿qué hubiese conseguido si lo hubiese hecho? Satisfacer momentáneamente una necesidad. ¿Y después qué? Punto final. Su razón de ser hubiese terminado ahí. No hubiese terminado su labor para la cual ha venido. Pero decidió aguantar y luchar, decidió actuar conforme a sus conocimientos y obedeciendo a una fuerza mayor, la voluntad de su padre.

Si paramos un momento a pensar si Jesús no hubiese cumplido con su propósito, si hubiese sucumbido a la tentación, si a pesar de la educación que recibió y sabiendo todo lo que él sabía, hubiese dicho PASO, me voy por el camino sencillo y hago lo que me da la gana, no me importan los demás, si hubiese decidido actuar de forma egoísta, ¿cómo hubiese seguido la historia de la humanidad hasta ahora, si no contáramos con un Mesías, un Liberador y un Líder como lo es Jesús, el hijo de Dios? Sin embargo, Jesús tomó una decisión, decidió cumplir con su propósito y liberar la humanidad dándonos un ejemplo a seguir.

“¡Pónte detrás de mí, Satanás! Me eres un tropiezo, porque no piensas los pensamientos de Dios, sino los de los hombres” era su respuesta registrada en Mateo 16:23 a la tentación, al camino fácil y pasivo.

Nosotros podemos tomar ejemplo de este gran líder que se llama Jesús y no rendirnos en nuestro propósito, aunque en algunos momentos de la vida nos cueste mantener la fe, la firmeza y la mente positiva. Debemos creer más en nuestras posibilidades y cualidades y tomar el camino de la acción. Tomemos la decisión de actuar y cumplir con nuestro propósito y a no rendirnos nunca. Nosotros también podemos vencer las tentaciones y las dificultades que la vida nos presenta con la ayuda de Dios y su hijo Jesucristo. Nuestra forma de comunicarnos con él es mediante la oración. Quitémonos los tropiezos de en medio y forjemos nuestro propio camino.

Jesús tenía un propósito y luchó hasta el final dispuesto a morir cumpliendo así una promesa, aquella que hizo su padre celestial.

 

Luchar

Luchar

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: