Cómo luchar contra el Daesh

Daesh, conociendo al enemigo

La existencia de este tipo de individuos radicalizados al más puro estilo “lobotomía”, es en parte una consecuencia de las malas gestiones y revanchas de lo que conocemos como “Occidente”.


Si bien es cierto que nos gusta etiquetar de Occidente a los americanos, nada más lejos de la realidad. Hablamos de una época muy distinta a esta, y eso es una realidad que podremos corroborar de mil y un formas. Por ejemplo, ese mapa donde, los del autoproclamado Califa Abu bakr el Bagdadí, pintan de negro todo cuanto pretenden conquistar del mundo. En él, entre otros muchos, pudimos ver a la península ibérica convertida en Al Andalus, y eso nos trae recuerdos de otras guerras, otros tiempos y otras barbaries.

Parece que dichas barbaries se niegan a abandonar al Ser Humano en su camino ascendente por la evolución, que se nos advierte lleno de giros, quiebros y no pocos obstáculos que sortear.

 

Cómo vencer al Daesh

Para entender cómo podemos vencerlos, debemos preguntarnos de dónde han salido y qué es lo que quieren.

En primer lugar, estamos hablando de una gente venida de muchas partes del planeta, que profesa una misma visión distorsionada del Islam en la que todo, absolutamente todo, está justificado si es en pos de un mundo “islamizado”. Sin miedo a equivocarnos, podemos entender que se trata de un tipo de dictadura, una de lo más típica no hace tanto tiempo.

Así, política y religión se convierten en una misma cosa, otorgando la totalidad del poder a una suerte de individuos que no solo no han oído hablar de democracia, sino que tan siquiera han leído la propia historia con la que taladran las quijoteras de sus vasallos.

 

Monstruos, sí, pero astutos

A lo largo de la historia vimos como esas religiones politeístas se iban haciendo a un lado y dejando paso al poder único, al Dios magistral que todo lo sabe, todo lo puede y todo lo consigue. Un Ser omnipresente, capaz de conseguir lo que otros no pueden. Jamás nos paramos a pensar que, el Ser Humano, es un Dios entre animales. Ese es nuestro verdadero Dios; la palabra, la comunicación, el aprendizaje.

Como era de esperar, las personas no suelen pensar de este modo, pues en él no hay ningún tipo de compensación económica para nadie. Uno no puede regular el pensamiento, no puede estipular sus leyes por sí mismo, ni contar medias verdades para intentar que otros se crean tu versión y promuevan tus intereses. Eso no ocurre y, por tanto, no es rentable para nadie, así que debemos creer en Dos Grandes Dioses Monoteístas que luchan entre sí de formas muy distintas.

 

Cristianismo e Islam

Las dos grandes supervivientes de los panteones religiosos de ayer y hoy. Cada una de estas ronda los dos mil millones de acólitos, de un total de siete mil. ¿Increíble, verdad?

En pleno siglo XXI, las personas han decidido seguir promoviendo la diferencia racial con sus creencias, aunque muchas masas de creyentes y ateos se hayan movido de un lado para el otro, ayudando a la integración de la cultura y las tradiciones. La religión, ese algo que nunca debió salir del plano personal, rige las vidas de cuatro mil millones de personas, más de la mitad de la población mundial. Ahí es nada.

 

Nadie dijo que sería fácil

Por eso, este artículo no es para engañar a nadie. Si bien terminar con el Daesh es algo sencillo, si bien el proceso y la ejecución correcta a seguir son cosas sencillas también, el hecho de dar esos pasitos no lo será. Y no lo será, por lo mismo que antes comentábamos: a nadie le interesa matar a la gallina de los huevos de oro.

El presidente ruso Vladimir Putin comentó que alrededor de unos cuarenta países están sacando rendimiento económico a través de las reservas petrolíferas del Daesh, lo que significa dar más dinero a la bestia para que siga armándose, montando vídeos de matanzas, y demás lindezas a las que, por desgracia, ya nos tienen acostumbrados.

Si queremos vencer, si queremos emprender ese camino sencillo pero escaso de remuneraciones, debemos entender que las religiones no han de tener ningún carácter “público”. Esto es algo que el mismísimo Papa Francisco entiende y, a su manera, atado por los poderes ocultos del Vaticano, intenta hacer comprender a las personas. La iglesia ha caído en popularidad, y no es sin razón. Es por ello que el pontífice lucha a diario por acercarse a la pobreza y hablar de la guerra como lo que es: guerra, muerte, beneficio para unos pocos, sangre y dolor para el resto.

A lo largo de la Primera Guerra Mundial o Gran Guerra, las potencias comprendieron que sería complicado gestionar a los territorios derrotados pertenecientes al Imperio Otomano. Así, comenzaron a trazar a golpe de escuadra y cartabón las fronteras de los países que ellos mismos iban a crear.

Entonces, y solo entonces, SIRIA e IRAQ comienzan a tener su protagonismo.

En Iraq, por una parte, tenemos grandes reservas petrolíferas y bolsas de gas natural que interesan mucho a las potencias vencedoras, con lo que en vez de tener que rodear por el sur todo el continente y bordear por el Este África, para salir al Golfo Pérsico por el estrecho, se colocan empresas occidentales que se encargan de todos esos temas, mientras la población local se va muriendo de hambre. Por supuesto, sus etnias quedan completamente bloqueadas, mezcladas sin sentido y repartidas en fronteras más parecidas a cárceles que otra cosa.

Entonces, empezamos a crear al Daesh, cometiendo errores que, si bien el otro bando no habría cometido, pues nos habrían lobotomizado como suelen hacer, nos dan algo de esperanza al pensar que, al menos, nosotros ni los hicimos desaparecer del mapa como muchos pretendieron con los judíos, ni tampoco impusimos religiones, sino más bien prohibimos eso de una “religión única”.

 

Y tú, ¿Qué tienes que decir?

Vivimos en un mundo complicado lleno de matices, de detalles, y dicen que el diablo vive en ellos. Quizás, y solo quizás, el diablo no sea nuestro más ferviente enemigo, sino nosotros mismos. Por verlo de algún modo, si Dios es el conocimiento, el diablo es la ignorancia.

No os dejéis vencer por vuestros diablos. Es cierto que ningún bando es perfecto y que a lo largo de nuestra historia cometimos actos de lo más despreciables, pero, del mismo modo que hago en este artículo, somos los primeros en condenar dichos actos. Todos tenemos manzanas podridas en nuestro pequeño rincón del mundo, lo importante es qué hacemos con ellas.

 

Juzgad por vosotros mismos.

Siria guerra

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