La lotería de Navidad da ilusión, mucha más ilusión que premios. Compras unos cuantos décimos y el 22 de diciembre te das cuenta de que has tirado el dinero. Te valía la pena haber guardado ese dinero para ir de compras. Para probar la suerte llega con gastar un euro de vez en cuando en sorteos como la bonoloto y la primitiva, con los que es fácil que te caiga en las manos unos cuantos euros de vez en cuando.

En todo caso, da ilusión y la ilusión no te la quita nadie. Es una tradicción el sorteo y la ilusión. Todos los años te dices que no volverás a comprar ni un sólo décimo y todos los años vuelves a probar suerte en un sorteo cantado por los niños del colegio de San Ildefonso de Madrid. La lotería de Navidad es mágica.

Pero la magia de esta famosa lotería del 22 de diciembre no le lleva la suerte a todos los que prueban suerte comprando algunos décimos o algunas participaciones. Dicen que suele tocarle a los pobres. Puede ser. Este año han sido agraciados con el Gordo muchos inmigrantes sin trabajo en Roquetas del Mar. Lo que no dicen es que casi todos los agraciados, dentro de unos años, acabarán más pobres de lo que lo eran antes de haber recibido el premio gordo. El dinero suele huir de los pobres.

¿Y por qué los ganadores más humildes de los grandes premios de la lotería acaban perdiendo su dinero? Por malas inversiones. Van al banco y les venden productos destinados a enriquecer a las entidades financieras. Entre lo que derrochan en gastos suntuarios como viajes y lo que les hacen perder los espabilados trabajadores de los bancos vuelven antes de lo que esperaban a la pobreza que habían dejado gracias a un premio gordo de la Lotería de Navidad.

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