En la sociedad actual, los valores personales y familiares han desaparecido y los antivalores parecen ser la nueva carta de navegación de la gente. Se han olvidado las mínimas normas de conducta que hacen que la sociedad tenga una convivencia pacífica, y valores como la honestidad, la solidaridad, el civismo y la educación, entre otros valores, sólo son enunciados que han entrado en desuso, precisamente por que no hay un ejemplo de esos comportamientos en los líderes y gobernantes de las naciones y mucho menos en la sociedad en general.

Recuerdo que cuando estaba estudiando mi bachillerato, el texto más estrictamente calificado en la clase de civica y urbanidad era un libro llamado "Urbanidad de Carreño". El autor de ese libro, compiló todas y cada una de las normas de conducta que una persona culta y educada tenía que tener en cuenta y practicar en la sociedad para demostrar sus buenas maneras. Lo primero que enseñaba era el respeto y los deberes para con Dios y luego los deberes para con la sociedad. Respetar a los padres y mayores, considerar a las mujeres, ancianos y niños, respetar a la patria y a nuestros semejantes, eran capítulos enteros de enseñanza pura en materia de conductas y etiqueta para todas las personas. Saludar al ingresar en cualquier sitio, respetar la palabra, levantarse cuando alguien ingresa a un recinto, no levantar la voz, darle el puesto a las mujeres, ancianos y niños en el bus, no cruzar las piernas en misa, no hablar con la boca llena, respetar las señales de tránsito y muchas más, eras normas que todos respetábamos y eran altamente cuestionados y criticados por todos nosotros en caso de no hacerlo.

Pero hoy en día los valores son un desuetudo en la comunidad y más aún, cuando una persona obra con mala educación y grosería, es totalmente aceptado por las personas con una risa o un simple gesto de aceptación tácita de dicho comportamiento, sin que se reaccione para cambiar lo acontecido. Esa forma de comportarse es lo que ha hecho trascender el que ya no se castiguen los malos comportamientos y por el contrario se toleren y celebren como si fuera una gran cosa.

Si una persona se indigna y valientemente se manifiesta en contra de comportamientos indecentes o inapropiados, es tachado de racista, loco y en el mejor de los casos de anticuado, cuando lo que deberíamos hacer es manifestarnos a favor de los clásicos comportamientos que hacían de este mundo y sitio más amable y libre para vivir. Ser solidario, honesto, amable, correcto y cívico debería ser la regla y ser indiferente, ladrón, maleducado, grocero y bárbaro la excepción, pero tristemente todos los días se ve lo contrario.

Los hijos gritando e insultando a los padres, los alumnos burlándose de los maestros, los niños irrespetando a los adultos, los jóvenes pegándole a los ancianos, sexo abierto y descarado en la televisión, groserías y malas palabras en la radio, gritos, caos, es lo más común en la sociedad de hoy y que decir de las nuevas normas de conducta frente al satanismo, la sexualidad, el aborto y otras formas de vida que antaño eran tomados totalmente fuera de contexto, ahora quien esté en contra de estos comportamientos serán tomados como racistas o retrógrados que deberían ser condenados a cadena perpetua.

Solo quiero hacer reflexionar a quienes habitamos este mundo, ya que la vida moderna esta condenada a terminar muy mal si no volvemos a recomponer los valores como la cortesía, las buenas maneras, el amor por Dios, la honradez, la amabilidad, la solidaridad, la decencia y otros muchísimos valores totalmente olvidados, que están llevando a una guerra permanente entre congéneres, que tarde o temprano terminará con la extinción de la sociedad como actualmente la conocemos, pues la historia así nos lo ha demostrado.

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