Los cines de película

 

“El antiguo”. Así es como lo llaman los vecinos del barrio del Once al cine Cosmos, ubicado en la calle Corrientes y Ayacucho, con simplemente dos salas, siete empleados rotatorios, una capacidad menor a trescientas personas y alrededor de cuarenta años en la historia de nuestro país.

El Cosmos junto al cine Lorca, ubicado en Corrientes y Uruguay, son los únicos que parecen sobrevivir a esta cruda realidad del mundo capitalista, ya que funcionan sin ningún tipo de subsidios. “Es una sala independiente, sin ningún tipo de apoyo de ninguna índole (...) no pasamos películas taquilleras”, enfatiza Alejandro El Arka, encargado del cine Cosmos.

Hoy en día perdemos cada vez más costumbres como producto de la globalización, y el cine no quedó fuera de esto.

“Todo cambió. La gente cuida cada vez más su bolsillo, la costumbre de ir al cine se olvidó”, señala entristecido Diego Zapato, acomodador del Cosmos.

Y es verdad. Para conseguir una película, incluso todavía no estrenada en los cines, sólo basta con ir al kiosco de la esquina o bajarla de Internet, comprar para hacer pochoclos en el supermercado y, misión cumplida, obtenemos el cine en la comodidad de nuestras casas, y por un precio menor.

Pero no solamente se les complica a estos cines conseguir audiencia, sino también se dificulta la adquisición de películas. “El cine pasó de ser una pasión a ser un negocio. Las películas se consiguen por distribuidoras donde también hay un montón de trabas porque prefieren entregarles a otra salas (...) Por ejemplo (la distribuidora) 791 prepara estrenos para el Arteplex porque el dueño tiene otra sucursal en Belgrano que tiene más audiencia”, explica Alejandro.

Debido al intrincado negocio de adquirir las películas la programación también se vuelve un desafío, ya que las distribuidoras entregan los carteles para que este tipo de cine promocione los films, pero después comienzan las “argentinadas” y les entregan las películas dos o tres semanas después, cuando estas ya están gastadas.

“Es el presente. Vivir el día a día, este tipo de salas no puede programar de antemano, en cambio las multisalas te pueden dar incluso la programación de septiembre”, dijo Diego.

Pero el cine no siempre fue así. El Cosmos fue creado por la familia Vainikoff, como negocio familiar, con la ilusión de promover la cultura en el país. Fue uno de los primeros cines en pasar películas de directores independientes y documentales que en ese entonces no llegaban tan masivamente al país. Y antes de dar por finalizada la salida, la familia se dirigía al bar del cine a debatirlas en un ambiente íntimo.

Pero la vida les mostró su lado duro y el cine debió cerrar sus puertas al público desde 1987 hasta 1997.

Hoy este cine es un ejemplo de lo que el esfuerzo puede hacer. Sus puertas volvieron a estar abiertas pero cada día es un reto. “Cuando no viene gente por una semana es muy difícil recuperar. Es necesario que vengan unas doscientas personas, en promedio, por día para poder decir que llegamos tranquilos a fin de mes”, se lamenta Alejandro.

Si el mundo de los cines continúa de esta forma, dejarán de ser estos dos ejemplos de barrio a ser una simple huella en la cultura del Once.

 

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