LOS CADÁVERES DEL EVEREST

Hoy, jueves 29 de abril de 2010, leo la noticia de la muerte de un nuevo montañista, el mallorquín Tolo Calafat. No pudieron hacer nada por él, no tenían los medios: murió como la mayoría de cadáveres que yacen desperdigados por la cordillera del Everest, de mal de alturas, falta de oxígeno, edema celebral, edema pulmonar... Son los cadáveres del Everest.

Respeto el deporte de montañismo, pero no lo entiendo cuando supone poner en peligro tu vida. He leído numerosos artículos, y por sí sola una persona es imposible que respire a 8000 metros de altura sin medios. ¿Qué es lo que les lleva a arriesgar sus vidas? ¿Vale la pena una vida solo por conseguir una cima formar parte de la lista de los cadáveres del Everest?

Mi intención no es dar mi opinión, sino compartir un artículo que me ha llamado mucho la atención, y que escribió un periodista llamado Antonio Martínez sobre los cadáveres del Everest:

A fecha de hoy (10 de julio de 2006), hay unos 41 cadáveres en los últimos 800 metros que conducen a la cima del Everest. Los alpinistas les han puesto nombres familiares. Uno de los más conocidos es "el saludador", a quien la muerte dejó un gesto de bienvenida. Otros cuerpos, como el de la japonesa Shiroko Ota, aún cuelgan de la cuerda que debió ayudarle en el descenso. Nadie los retira, salvo raras excepciones. La falta de oxígeno lo convierte en un verdadero problema, y pocos están dispuestos a asumir ese riesgo.

David Sharp fue otra de las víctimas del Everest. Un día, cuando se detuvo para tratar de reponerse, era ya otro cadáver pero él no lo sabía. Hasta 40 alpinistas pasaron por su lado mientras agonizaba. El neozelandés Mark Inglis se acercó a ayudarle pero ya era demasiado tarde. Sharp había muerto por falta de oxígeno sin que ninguno de los muchos escaladores que pasaron a su lado moviera un dedo por ayudarle.

 Alguien que pasaba por allí grabó un vídeo, que emitió más tarde el Discovery Channel, en el que Sharp explica a la cámara que se está muriendo: "Mi nombre es David Sharp... mi nombre es David Sharp... estoy subiendo con asiáticos... y solo tengo ganas de dormir".

La muerte de Sharp habría sido fácilmente evitable y ha conseguido sacar de sus casillas a los mejores alpinistas del mundo. Escaladores de la talla de Edmund Hillary critican duramente las expediciones comerciales que han tomado el campo base del Everest y "que sólo se preocupan de subir a sus clientes sin importarles si se dejan a alguien en el camino".

El cuerpo de David Sharp sigue donde se quedó, formando parte del grupo de los cadáveres del Everest, junto a una roca a unos 8.000 metros de altura, justo en el límite de lo que se conoce como "la zona de la muerte". A su lado reposa el cadáver congelado de otro alpinista indio que falleció en 1997.

Esta historia de los cadáveres del Everest me abruma, imaginándome la agonía de todos los alpinistas que han muerto en los ocho miles. Sin embargo, algo tienen los ocho miles para que atraigan a tantos montañistas, ávidos de adrenalina, por ejemplo, Juanito Olarzáibal: en un momento dado dijo que no volvería, tiene amputados todos los dedos de los pies, pero volvió, y dejó a Tolo Calafat por el camino. 

Cada uno de ellos es consciente del riesgo que corre, saben que pueden morir en la montaña y formar parte del grupo de los cadáveres del Everest. El precio es alto.

Los cadáveres del Everest

 

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