El Lobo y la necesidad de preservarlo

 

El lobo, animal que la historia nos ha pintado fiero y poderoso, una bestia sin escrúpulos que se transformaba con la luna llena y atacaba al ganado, un animal tan temido que había que matar. Quizás cuando la incultura era la principal cualidad del ser humano se podría explicar dicho sentimiento de repulsa hacia ese animal, pero, ¿qué ocurre en pleno siglo XXI?.

En la Península Ibérica existen comunidades en las que se permite la caza regulada del lobo, quizás porque los que entienden de eso habrán pensado que los hay de sobra o, tal vez, porque el garrulismo continúa siendo toque de distinción. El 28 de enero se llevó a cabo una de esas cacerías de lobos en Galicia, afortunadamente sin ninguno de esos bellos animales abatidos, desgraciadamente sí mataron a un perro. Lo que me resulta curioso de este tema es la regulación, es decir, en ese municipio se autorizan dichas batidas a petición de las personas que se sientan afectadas por la presencia de los lobos. 

Pienso que existen otras soluciones, se podría proteger el ganado ya que somos nosotros los humanos los que hemos invadido, desplazado y asediado al lobo en su propio hábitat, pero cuando ya no queden lobos muchos sufriremos una nueva extinción, otra a sumar a toda esa colección de seres de los que hemos sido sus biocidas.

Pero, ¿es necesario el lobo?. Para los que somos amantes de la naturaleza, todo animal o planta son necesarios y todo aquello que se extinguió, un auténtico fracaso humano. Por ejemplo, si el lobo desapareciese de la Cordillera Cantábrica el Urogallo le acompañaría ya que su principal enemigo es el jabalí y éste no tendría depredador para regularlo. 

En Somiedo, un grupo estable de lobos estaba especializado en la caza silvestre y, pese a existir ganado cercano, jamás abatieron una res. Ese grupo estaba siendo estudiado por el FAPAS. Una acción ilógica e indiscriminada de la administración permitió la caza de varios ejemplares de dicha manada. Quedaron solo tres, jóvenes e inexpertos y su única salida fue alimentarse del ganado cercano ya que eran incapaces de cazar como lo hacían los lobos expertos. Es decir, nuevamente una torpe decisión humana genera el problema posterior donde no lo había.

En definitiva, dejemos que nuestros hijos disfruten de esos seres bellos y necesarios, dejemos de ser irracionales y luchemos por cambiar un mundo que, lentamente, se queda sin presencia natural.

la necesidad de preservarlo

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