Desde el histórico instante en que la locomotora de un tren espantó al público incrédulo reunido en los bajos del Grand Café de París el 28 de Diciembre de 1895 hasta el punto de hacerle huir en tropel, pasando por la revolución del cine sonoro y la posterior maravilla del technicolor, hasta la última revolución tecnológica de la proyección de imágenes en tres dimensiones y el sonido de calidad digital, el SÉPTIMO ARTE no ha dejado de ejercer en todos nosotros su indescriptible magia para transportarnos a otros mundos de los que -al menos por el momento- solamente podemos ser meros espectadores, pero que consigue abstraernos por completo de la paralizante rutina de nuestras vidas.

El virtuosismo visual que han alcanzado muchas producciones cinematográficas en las últimas décadas, proyectadas hacia la excelencia gracias al desarrollo técnico y tecnológico de herramientas de trabajo cada vez más sofisticadas, ha conseguido materializar una auténtica realidad virtual paralela capaz de arrastrarnos hasta universos más allá de las estrellas más lejanas conocidas y, al mismo tiempo, capaz de desencadenar en nuestra proximidad más cercana -nuestra propia mente- sensaciones, sentimientos y reflexiones también desconocidos para nosotros.

El cine de aventuras nos permite vivir inolvidables odiseas en lugares distantes y exóticos de las que jamás imaginamos que podíamos llegar a sentirnos casi como sus auténticos protagonistas.

El cine de ciencia-ficción nos invita a profundas reflexiones sobre la evolución de la sociedad, el progreso tecnológico y sus imprevisibles consecuencias sobre nuestras propias vidas.

Las comedias ayudan a olvidarnos de los pesares y obligaciones del día a día, arrancándonos sonoras carcajadas en unas ocasiones y amplias sonrisas de complicidad en otras, actuando como disipador de tensiones.

Las películas románticas nos hacen vivir apasionadas historias de amor y pueden despertar sentimientos que nunca creímos ser capaces de reproducir en nuestros corazones.

El cine de terror expone a la lúgubre luz de la sala de proyección nuestros miedos más atávicos, sacudiendo la placidez de nuestras vidas perfectamente ordenadas y planificadas.

Y por último, el cine bélico nos presenta los episodios más crueles de nuestra historia reciente en primer plano, ejerciendo de documento histórico y también de azote de nuestras conciencias, mostrándonos con toda su crudeza la cara más oscura y odiosa del ser humano.

Cada vez más, el CINE, en todas sus formas y formatos, es parte primordial de nuestras vidas, nos hace más sensibles, más inteligentes, y nos hace sentir más vivos también, aun tratándose de la mayor de las imposturas creada por la raza humana: una mera ficción en la que nada es del todo real.

En el delgado celuloide se esconde la mayor ficción

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