Dicen los entendidos que el gran maestro de la vida es el fracaso porque de él se aprende y mucho. Igualmente para poder captar las enseñanzas y en lo posible evitar tropezar nuevamente con la misma piedra es necesario afrontar el trabajo de desarrollar la inteligencia, no la de los cálculos, fórmulas o datos científicos sino la inteligencia práctica, la del diario vivir  teniendo presente la máxima de Edison de que “el genio humano es un 1% de inspiración y 99% de transpiración”. Así existirían dos formas de volverse inteligentes. Para la primera creo que ya es necesario tener por lo menos un atisbo de apertura mental y consiste en observar lo que le sucede a las demás, razonarlo lógicamente y con mucha humildad aceptar que si me encuentro en iguales condiciones me pasará exacta o parecidamente lo mismo y actuar en consecuencia.

Esta forma de aprendizaje es la que menos tristezas nos costará pero es la más difícil de poner en práctica, pero sería bueno comenzar a ejercitarla cuanto antes. Para ello lo esencial es advertir y remover un gran obstáculo: aquella frase justificativa de que “nadie hace experiencia en cabeza ajena” que llevamos como estandarte después de cada  desilusión, mientras fingimos estar bien, hacemos de tripa corazón, nos lamemos las heridas y empezamos dolorosamente a captar que la atesorada creencia de que “a mí eso no me iba a pasar” podría no ser tan cierta; y que constituye la segunda forma de volvernos inteligentes: la enseñanza del dolor. Porque la buena noticia es que tarde o temprano la iluminación llega, claro que de la segunda forma llega más lento, generalmente tarde y cuando los desastrosos efectos físicos y sicológicos nos dejaron destruidas. Entonces, si la experiencia compartida es un gran afluente de conocimiento e inspiración, demos y tomemos de ella tanto como podamos y con ese respaldo comencemos a transitar la senda siempre infinita de conocernos a nosotras mismas a través de nuestras congéneres. ¡Compartamos experiencias y conclusiones! y sobre todo ¡aprendamos a escuchar!. Y como hay tanto para compartir, este relato… continuará.

Con respecto al título, Sí, es verdad que esto puede ser útil tanto para hombres como para mujeres pero como soy mujer y tengo muy desarrollado el sentido de pertenencia al género, a ellos… que los ayude su madre!

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