En Columbus (Ohio, E.U.A.), la puerta trasera de un camión blindado se abrió de súbito y dos sacas llenas de dinero cayeron al suelo. Mientras unos dos millones de dólares volaban al viento y tapizaban la autopista, docenas de conductores se precipitaban desde sus automóviles para llenarse de billetes los bolsillos y carteras. Algunos conductores llamaron a otros por radio de banda ciudadana para que se unieran al saqueo.

Las peticiones oficiales y la promesa de dar un 10% de recompensa a quien devolviera el dinero se pasaron por alto casi totalmente. La mayoría optó por “el que lo encuentra se lo queda”. Solo se consiguió recuperar una parte del dinero. Un hombre llegó a justificar el robo diciendo que el dinero era “un regalo de Dios”. Este incidente no es un caso aislado. Los transeúntes han demostrado una avaricia similar cuando ha caído dinero de vehículos blindados en San Francisco (California, E.U.A.) y Toronto (Canadá).

El hecho de que personas que normalmente son honradas y rectas se rebajen a robar con tanta facilidad tiene implicaciones preocupantes. Como mínimo, indica lo distorsionados que están los conceptos populares de moralidad. Thomas Pogge, profesor adjunto de Filosofía de la Universidad de Columbia, de Nueva York, sostiene que aunque la mayoría de la gente considera que robar a una institución es tan inmoral como robarle a una persona, en cierto modo piensa que es mucho menos censurable.

La foto no corresponde a la noticia pero es real.

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