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Las plañideras en los funerales lloraban y se les pagaba por animar a los demás asistentes a llorar y mostrar su dolor por la pérdida del difunto, por lo que durante muchos años era como una profesión que se venía arrastrando desde tiempos ancestrales pues se sabe que los griegos y romanos ya las usaban, heredando la costumbre de los hebreos y estos a su vez de los egipcios. Cuanto más importante era el fallecido, más plañideras acudían al funeral y algunas de ellas llevaban un jarrón o vasija donde hacían caer las lágrimas para demostrar lo mucho que habían llorado.

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Esta costumbre también se propagó por Latinoamérica a partir del siglo XVII y siguió la costumbre de pagar por llorar a lo que también se añadían para acentuar el dolor algunos gritos de mayor o menor intensidad según la categoría del difunto. En la actualidad, en la ciudad de San Juan del Río, Querétano, en México se celebra un concurso de plañideras en el Museo de la Muerte donde cada concursante hace muestras de su arte para llorar donde también participan actrices del lugar.

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En algunas procesiones de Semana Santa en España no hace muchos años aún se veían mujeres con velos negros llorándo tras los pasos mostrando su pena por la muerte de Cristo pero esta costumbre también se ha ido perdiendo. Las lloronas solían vestir todas de negro y cubrían la cabeza con un velo. Las vasijas para depositar las lágrimas se llamaban "lagrimatorios" que algunas veces se enterraban con el muerto para demostrarle hasta el más allá lo que le habían llorado en su muerte.

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Plañideras en una pintura al temple en un mural en la tumba de Ramose en Tebas.

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Estatua de plañidera llorando posiblemente a Osiris perteneciente a una dinastía egipcia del siglo XVIII que se encuentra en el museo del Louvre.

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