Haber salido de casa con la promesa de llegar, caminando durante más de una semana por toda Galicia y haber vistado sus ciudades, monumentos y lugares pintorescos.Lo más importante: haber juntado a amigos con toda clase, todos con una única verdad, llegar a Santiago. Y etapa tras etapa, ver las noches y sus días al salir del albergue, con sus nieblas matinales, caminando con la espalda dura y fuerte, sosteniendo el macuto. Poetas y músicos: juglares y trovadores nos habrá parecido ver a los largo del que no solo nos llevó al medieval Santiago sino al reencuentro con nuestro pasado, aquellos primeros viajes en razón de una fe, mas bien pura y sin dogma que nos hizo avanzar por parajes nunca antes transitados por el hombre. Esa fuerza por conocer, por no quedarse dormido es la fuerza del Camino, con sus gentes y sus lugares entre bosques y praderas. Y al llegar somos vendecidos pero no por la catedral que también lo hace y muy bien, sinó por nuestro corazón, que goza no solo del botafumeiro, sino que al salir a la calle y perderse por entre callejones con su tumulto y locales gallegos, cercanos y antiguos, podemos ver entre sus gentes, boinas, pañuelos, gorras, sonbreros de paja.... son los peregrinos que han llegado y disfrutan!! como nosotros de este lugar. Y al dar nuestro motivo del viaje, salir con la credencial que atestígua que sí, que hemos realizado al fin la promesa de volver al encuentro de nuestro sentido gallego.

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