Este e el cuarto volumen de la serie los hijos de la tierra, de Jean M. Auel, em el que el viaje a través de la Europa del paleolitico. Cada vez se acercan más a las tierras de donde prodece Jondalar.

AYLA y Jondalar después de su estancia con los Cazadores de Mamuts deciden seguir su viaje a la tierra de Jondalar, siguiendo el Rio Madre. Inician este largo viaje acompañados de Lobo, el lobo domesticado por Ayla, Corredor el caballo hijo de la yegua Whinney. En su viaje recorreran las tierras de Europa Central hasta el sur de Francia.

Durante el tránsito, Ayla va conociendo a distintas tribus de “los otros”, y en general, esta curiosa pareja que viaja sobre caballos y con la compañía de “Lobo” (un lobo domesticado) suele causar miedo, pero una vez que han conocido a nuestra protagonista nadie se puede resistir a sus encantos personales.

A pesar de ello, Ayla y Jondalar, en su interior siguen preocupados por como será acogida ella por los zelandoni, no hay que olvidar que ella fue criada por el Clan, y lo que es peor, engendró a un niño de espíritus mezclados.

En su viaje se encuentran con una tribu de mujeres guerreras que tratan a los hombres como animales, encerrandolos en jaulas. Jondalar es secuestrado por ellas y cuando su jefa le quiere obligar a tener sexo con ella, y al negarse este, le encierra y tortura. Ayla se enfrenta a ella y salva no solo a Jondalar sino a aquella tribu sometida.

En el viaje tienen que atravesar un glaciar que casi les cuesta la vida, los dos caballos no pueden andar que que se les resquebrajan los cascos, y todo su viaje se ve comprometido.

Ayla recurre a un antiguo truco de la gente del Clan, y pone pieles de venados en los cascos de sus monturas. Al fin llegan hasta la tierra natal de Jondalar, la cueva en la que viven los zelandoni es la misma que Ayla veia en sus sueños Comienza una nueva vida a la que se tiene que adaptar.

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