Toxinas

Denominamos toxinas a todo lo que nuestro cuerpo no puede eliminar en tiempo y forma; ya sea por que los sistemas emuntoriales se saturan o por que la cantidad de toxinas es excesiva y la tercera situación es la combinación de las dos, lo que creo que es la teoría más acertada.

Genéricamente las llamamos homotoxinas y las dividimos en endotoxina (las que produce el propio cuerpo) y exotoxinas que son las que incorporamos desde afuera.

Cuando vemos un análisis de laboratorio y vemos que tenemos valores altos de algunas de las determinaciones como por ejemplo glucosa (glicemia), colesterol, ácido úrico, uremia, lo que nos está diciendo que se está acumulando en el cuerpo y ese excedente es tóxico, es por ello que determina la aparición de una determinada enfermedad.

Ya pasando a las toxinas que vienen desde afuera (exotoxinas) la mayor cantidad son aportados por la alimentación.

Un capítulo aparte son las toxinas biológicas tales como las bacterias, virus, hongos y parásitos.

La incorrecta digestión de los hidratos de carbono favorece los procesos fermentativos ya que en lugar de obtener azúcares simples (glucosa) se produce entre otros óxido de carbono, alcoholes, ácido acético, ácido oxálico, etc.

La incorrecta digestión de las proteínas es peligrosa para el organismo ya que puede producir sustancias tóxicas como alcohol, fenol, escatol, ácido acético, sulfato de hidrógeno, ácido fenilpropiónico, indol, etc.

A partir de azúcar, alimentos con harina, pan y alimentos crudos, especialmente ingeridos en grandes cantidades, se forman productos de fermentación como ácidos y alcoholes, y otros tóxicos como: aceite de Fusel, metanol, propanol y butanol entre otros.

De alimentos ricos en albúmina como carne, fiambre, pescado y huevos surgen substancias altamente tóxicas como putrecina, neurina y cadaverina (toxina de los cadáveres).

Estas toxinas surgidas en el intestino pueden ingresar al torrente sanguíneo, especialmente cuando la mucosa intestinal está deformada por inflamación. Desde allí, después de haber superado la barrera del hígado, todas las células del cuerpo poco a poco producen una autointoxicación intestinal crónica.

Como consecuencias las toxinas pueden producir los siguientes síntomas lejanos:

Deterioro del estado general de salud, desgano, mal humor, irritabilidad, susceptibilidad, nerviosismo, mal aliento y mal olor corporal, lengua sucia, dolor de espalda y de cintura, dificultades para dormir o en la vista, dolor o presión en la cabeza, molestias cardíacas, dificultades respiratorias, várices (con manos y pies constantemente fríos), mareos, estado de agotamiento al despertarse por la mañana, abundante transpiración, etc.

También la así llamada distonía neuro vegetativo, migraña, enfermedad hipertensiva, neuralgias, dolores en las articulaciones, etc.

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