UN PADRE

Un llamado a los padres

Todos partimos de un mismo lugar, tal vez en distintos tipos de cuerpos pero siempre a partir de un mismo sitio específico: el vientre de mama, antes de nuestra primera llegada al mundo como entes en una sociedad. Durante el transcurso de este tiempo, con ayuda de nuestro padre, mama hace hasta lo imposible por mantenernos estables y reconfortables al interior de su cuerpo; ella procura alimentarse bien y mantenerse saludable, pues de ello depende la estabilidad y la salud de nuestro organismo ya que, mantenernos con vida, está en sus manos y han sido sus deseos ser nuestros padres. En ese sentido, somos en un 100 por ciento dependientes de nuestros padres y estamos destinados a estar sujetos y conducidos por ellos.

 

Pasamos de nuestra primera infancia a una primera niñez exploratoria que se sitúa en un margen de edad de 3 a 8 años. En esta, la relación y la dependencia cumplen un papel importante, puesto que la comunicación entre padres e hijos es muy estrecha y se establecen vínculos de confianza que fortalecen la afectividad y el respeto por medio de la lúdica y el tiempo dedicado a la estabilidad familiar. El comportamiento de los hijos es óptimo, responden de manera respetuosa y atenta a los llamados de atención y obedecen inmediatamente, mejorando su conducta. Luego, dejamos la etapa del juego para afrontar cambios físicos, biológicos y sociales. Estos son el punto de partida de nuestro comportamiento y nuestra manera de pensar con relación a la realidad. Cundo éramos pequeños amábamos el compartir con nuestros padres y no nos preocupábamos por las relaciones sociales fuera del núcleo familiar, solo nos interesaba divertirnos y ser felices jugando.

 

Ahora, dejamos de pensar de manera facilista y nos dedicamos a mortificarnos la vida en hacer parte de un círculo social de amigos para no sentirnos aislados; no medimos las consecuencias de nuestro comportamiento en situaciones que deberían ser afrontadas con la madurez requerida. Nos convertimos en esclavos de una sociedad que no se esperaba para un joven, a pesar de su formación familiar, se encuentra inmerso en problemas donde las drogas, el alcohol y el sexo, quieren regir nuestra vida y, mal encausada, posiblemente cambie el rumbo a nuestro destino. Esta es una cruel realidad que debemos saber, no somos conscientes de lo que hacemos, únicamente actuamos conforme a los que piensen los demás, nuestra prioridad es ser bien vistos y adquirir personalidad y carácter por seguir la moda que se impone.


Somos grandes ignorantes de lo que en verdad es valioso, nos aferramos tanto a seguir una tendencia o un prototipo de hombre popular o mujer “perfecta” que nos olvidamos e ignoramos por completo quienes en verdad valen la pena: “NUESTROS PADRES”Parece que borramos de nuestra memoria el hecho de que existen y están ahí. No recordamos aquellos seres con corazón, que cada día se esfuerzan para que todo en nuestra vida este perfecto y que nunca nos falte nada, siempre están esperando que algún día hagamos un alto en el camino y por un segundo miremos atrás para recordarnos y darnos cuenta que sin importar nuestros rechazos, irrespetos y falta de atención, siempre se encuentren dispuestos a abrir sus brazos acariciarnos y transmitirnos su experiencia de vida. Nuestros padres son, nuestro refugio además de Dios, nos alientan a vivir y a mejorar cada día.


Somos seres humanos y cometemos errores de cualquier tipo, pero ser imperfectos no quiere decir que debemos errar y caernos siempre. Necesitamos pensar antes de actuar. La culpa no es de la sociedad totalmente, cada uno sin querer aporta acciones negativas que alimentan tentaciones y exigencias que deben cumplir los adolescentes para llegar a ser alguien dentro de ella. Recuerden padres, que los hijos son como una cometa: al momento de elevarla tienen que ir soltando y soltando la cuerda para que pueda elevarse pero, al mismo tiempo, deben ir recogiéndola para mantenerla en equilibrio contra el viento, de lo contrario se vendría abajo. De igual modo pasa con los hijos: a medida que van creciendo quieren tomar decisiones propias, tener un poco más de libertad, y sobre todo, autonomía. Pero, siguiendo el ejemplo de la cometa, debe llegar un momento en que se debe recoger o retener para mantener un equilibrio, es decir, el hijo puede tomar decisiones con libertad e independencia pero siempre el padre debe mantener un límite. Si no hay términos claros por parte de los padres, el hijo se estrellara contra las dificultades, sin la fortaleza suficiente para afrontarlas.

AUTORA:JUDITH ROSARIO

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