No escuchen, no hablen, ¡no me perturben!, estoy pensando:

¡Cómo me duele el pie!, ¿en qué país creo yo que estoy viviendo?; sabiendo yo el estado de deterioro en que están las calles y, por pecar de descuidado, pude hasta caer en ese estanque. Si lo contara, nadie creería que, una inservible alcantarilla que pisé mientras caminaba, casi me hiere o me fractura el pie. ¡Qué fetidez había!; si no me hubiese golpeado, no me habría fijado en que, ese hedor, era producto de esas dos gallinas descompuestas casi en medio de la calle.

¡Ay Caracas!, mi otrora linda ciudad, que hace medio siglo me viste nacer; me duele que hayas pasado de ser ciudad a ser pestilencia; me duele que quizás te tenga que dejar, a ti, Caracas, junto con toda Venezuela.

Venezuela, ¡qué horrenda paradoja!: no te puedo imaginar en el estado espantoso en que todos los días veo que estás, ¡qué horrenda paradoja!.

...la tortura; ¡la tortura otra vez...!. algunos se ven como contentos; pero otros tienen las caras como si quisieran llorar, bien vestidos con cara de tragedia. (A este control ya le hace falta que le ponga pilas nuevas).

Voy a ver y a oír qué dice este señor, en su consuetudinaria alocución, ya que el control no me quiso cambiar el canal.
“¡Qué bueno!”, el señor dice que no tiene problemas con nacionalizar la banca (ja ja. Todo el mundo sabe lo que pasa aquí, con lo financiero y con todo lo demás, sólo los “ciegos” hugólatras más bien ya dan miedo); dice que le está poniendo el ojo a una empresa productora de harina, que tiene no sé cuántos camiones... (mientras hay un productor agropecuario que, con casi cinco meses en huelga de hambre, ya en delicado estado de salud, reclama sus tierras que ilegítimamente le fueron arrebatadas...; y tantas empresas cerradas, y tantas tierras y tantos frutos perdidos, y tantas familias enteras arruinadas después de largos años de digno trabajo, y todo el país sumido en la degradación, y muchas familias llorando muertes y muertes por la bestial locura delictiva que aprieta y aprieta). Y sigue este señor hablando; decenas, decenas y decenas de funcionarios públicos, muchos de ellos vinculados al mundo militar (y miliciano), lo miran, le oyen, le aplauden y le prestan venerante atención (más que como si de un ilustre seminarista se tratara). Además del buscado efecto en la gente común, parece (como siempre) que este señor le da clases de liderazgo a toda esta gente: sus ministros; sus gobernadores; sus alcaldes; sus diputados; sus magistrados... Ese señor, con esos señores tiene en sus manos todo el país y a nosotros completamente; ese señor y esos señores administran y disponen en todo el país el dinero, los trabajos, los destinos... Ese señor y esos señores son los líderes, y a nosotros, cercados, limitados, rodeados, intimidados, reprimidos, atemorizados, poco nos falta para estar encadenados, sometidos al liderazgo cadenario de la nueva Venezuela arcaica. ¡BASTA DE CADENA!; ¡NO QUIERO CADENA!; ¡¡¡ABAJO CADENAS!!!. ¡Qué suciedad!.(ya te apagaste televisor; deja que el silencio me acompañe generoso y me ayude a medicar el alma) Me voy a bañar.

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