Suelen parecer sutiles las diferencias entre un líder empresarial y otro tipo de líderes. Por supuesto resulta útil indagar en primer lugar qué se entiende por liderazgo en tanto acción del líder. Y luego indagar por los objetivos o el contexto de la acción. Allí es donde las diferencias dejarán de ser aparentes y se disiparán las dudas.

El liderazgo en tanto acción del líder busca en efecto promover, agenciar, procurar un fin determinado. El líder cree en que conseguir ese fin es posible y por ello mantiene su espiritú altivo y contagia a los demás en su estusiamo.

El verdadero líder no da órdenes a diestra y siniestra, pues sabe que si los demás no están convencidos de la legitimidad de sus intenciones, tarde o temprano lo saboteran a él y a sus propuestas. El ejercicio del liderazgo permitirá, por el contrario, construir equipos de trabajo de gente comprometida con un determinado proyecto y capaz de dar de sí mismo lo mejor, hasta conseguir los objetivos trazados.

El líder empresarial busca aumentar la producción, mejorar el rendimiento, bajar costos, ampliar sus mercados, etc. El objetivo del líder empresarial es por lo tanto, en últimas, mejorar la empresa. En el camino las personas darán lo mejor de sí y aprenderán de sí mismos, desarrollaran sus capacidades y potencialidades, crecerán y podrán ascender. El líder sabrá guiarlas, aconsejarlas en los momentos díficiles, escucharlas y generar conocimientos nuevos y compartidos.

Un líder social, que se precie de ser democrático, debe ser capaz de todo lo anterior. Pero este será sólo el comienzo. La empresa de un líder social es la sociedad misma y por lo tanto el bienestar común. La gente es su verdadera prioridad. Por eso el líder social y democrático, será capaz de negociar intereses e instará a que dicha capacidad sea asumida por los demás, sabiendo que para que todos ganen es necesario ceder un poco.

Un líder social, que se precie de ser democrático, privilegia los contenidos de una ética del desarrollo en una perspectiva humana. Los objetivos por lo tanto no son producir más, ni vender más, sino producir lo que realmente se necesita, a precios justos, en condiciones de dignidad y respeto por el medio ambiente.

El líder democrático no será quien después de escucharlos a todos tome por fin la decisión que más les convenga a todos. Por el contrario se someterá a las reglas de juego que permitán y favorezcan la participación activa e informada de los ciudadanos y ciudadanas así como la construcción colectiva y concertada de lo público.

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